Inés Morencia | Valladolid (EFE).- El festival Olmedo Clásico acoge este miércoles una versión en prosa de la obra de Calderón de la Barca «Casa con dos puertas, mala es de guardar», con la que su director, Fernando Ramos, pretende acercar la escena clásica a los más jóvenes con un ritmo vertiginoso acorde a esa demanda de estímulos constantes que ellos suelen cubrir con los dispositivos móviles.
El fundador de Verbo Producciones, en una entrevista con Efe, ha afirmado este martes que el teatro «está perdiendo la batalla del público joven», por lo que él ha adquirido el compromiso de intentar llevar a este al patio de butacas a través de esta versión de uno de los grandes autores del Siglo de Oro, más próxima a sus gustos.
Y es que no solo se ha adaptado el texto a la actualidad, sino que también se ha apostado por una escenografía en constante movimiento, a modo de ‘scroll’ en una pantalla pero en directo, gracias a una trama de enredos que tejió Calderón con gran virtuosismo y que el elenco actoral ha sabido transmitir desde su rigor sobre el escenario.

Adaptación exigente
Con un premio a la dirección bajo el brazo, que le ha concedido el festival de teatro clásico de Cáceres, Ramos sigue demostrando su veneración por los clásicos, tanta que el trabajo de adaptación a la prosa implica un agotador proceso mental puesto que su respeto al texto original es máximo, y no resulta fácil darle ese giro y conseguir que también llegue a los más puristas.
Pero en este caso lo ha hecho con Calderón lo que, lejos de convertirse en un problema añadido, ha aportado una mayor clarividencia «porque, aunque es más conocido por sus obras dramáticas, esta comedia es rompedora y un deleite absoluto, con continuas idas y venidas, salidas y entradas, que no dan lugar al respiro».
Esta pieza llegó a él cuando tenía ocho años, en una representación que tuvo lugar en su pueblo, Llerena (Badajoz), y a la que se quedó enganchado para siempre porque la trama es «una obra de relojería» en la que también se encuentra un figurón, aunque escondido, que Ramos ha rescatado para concederle un mayor protagonismo.

«Pensé que igual era un sacrilegio hacerlo, pero entonces recordé que Calderón ya había utilizado dicho figurón en ‘Guárdate del agua mansa’ y me pareció apropiado añadirlo en esta versión y que sirviera de enlace entre una y otra obra», ha detallado.
Además, este figurón viene que ni pintado en una sociedad en la que van proliferando y que ya no se extraña «y si no, véase la actuación de Trump tras entregar la Copa del Mundo a la selección española, para arañar todo el protagonismo posible, saltándose el protocolo con toda la intención aunque pareciera que había sido una simple torpeza».
Segunda vez
Será la segunda vez que acuda a Olmedo -lo hizo hace cuatro años con «Entre bobos anda el juego», de Rojas Zorrilla-, un festival que siempre le ha gustado y que le ha abierto las puertas de par en par tras ese exitoso debut, ya que desde la organización aceptaron su propuesta incluso antes de estrenarse en Cáceres, hace un mes.
También llega con una comedia, un género que «se suele minusvalorar, pero resulta mucho más difícil hacerla que el drama, porque con ella hay que llevar un metrónomo para ver si funciona y está afinada, o si uno se ha perdido en el camino».
Actor y director
Y, en este caso, Fernando Ramos ha aparcado su vertiente actoral para centrarse en la dirección, lo que ha sido recompensado con ese reconocimiento en su tierra, si bien él reconoce sufrir una especie de «síndrome del impostor», ya que «es raro recibir un premio nada más llegar», pero él considera que este ha sido otorgado «a todo el montaje».
«Hay una gran unidad en la interpretación que es lo que hace que todo cobre sentido. La dirección me ha permitido disfrutar mucho y encontrar ese gusanillo, un nuevo impulso, pero me he exprimido totalmente. A pesar de ello, me ha encantado la experiencia y me gustaría seguir por este camino aunque eso suponga tener una buena caja de ibuprofeno siempre cerca», ha bromeado.
Ha superado ya ese miedo que se suele tener cuando se abordan piezas clásicas, y más aún cuando se transforma el verso en prosa, con los años de experiencia como actor y productor, que le permiten, sobre todo, saber «lo que no quiere», y con la aprobación de estudiosos, críticos y público, seguir en la dirección será pan comido o, al menos, desmigajado. EFE










