Inés Morencia | Valladolid (EFE).- Óscar Perales no es solo campeón del mundo de balonmano en silla de ruedas como seleccionador del combinado español, título logrado recientemente en Granollers, sino, sobre todo, en capacidad de lucha y sacrificio, desde su prematura retirada como jugador de balonmano.
El central cántabro estaba llamado a ser uno de los destacados en la historia de este deporte por su visión de juego, su explosividad y su valentía y arrojo en las pistas, que le permitieron ser internacional y lograr dos Recopas de Europa con el Ademar de León y el extinto BM Valladolid.
Pero una lesión sufrida durante un torneo amistoso en Viseu (Portugal) con el conjunto vallisoletano le hizo pasar por un auténtico calvario, con cuatro operaciones en su rodilla izquierda en un año que resultaron infructuosas, ya que su cartílago quedó dañado de manera irreparable, por una infección no tratada a tiempo.
Su prometedora carrera quedó truncada y a eso se añadió una pérdida aún más dolorosa, la de su hija Sofía, pero su espíritu combativo le impidió rendirse y, con el apoyo de compañeros como Yeray Lamariano, Rubén Carrasco y David Davis dio vida al Club HandVall, que, en un principio, se centró en el balonmano femenino.
Las «ranitas» dieron paso a un proyecto con personas con TEA -Transtorno del Espectro Autista-, el club IncluSport, en el que se fueron incorporando chicos y chicas con necesidades diferentes, y que también se abrió a personas con discapacidad física.
El punto de partida
Eso fue el punto de inflexión para plantearse crear un equipo de balonmano en silla de ruedas, y fue «reclutando» jugadores en las diferentes asociaciones del tercer sector y de deportes adaptados, como el baloncesto en silla de ruedas, hasta crear un grupo «majo» con el que iniciar la construcción de un reto más ambicioso.
Contactó con Ricardo Alonso quien, en Madrid, había puesto en marcha un club de balonmano de esta especialidad, y juntos comenzaron a recorrer un camino duro, complicado, de lucha constante por hacerse con un hueco en el deporte español, reto harto desgastador.
Su entusiasmo se trasladó a otras ciudades españolas y, tras Madrid y Valladolid, se añadieron equipos en Coruña, Santa María de Palautordera, Zaragoza y Murcia, con los que confeccionaron la primera selección nacional, «empezando la casa por el tejado».
Según ha explicado Perales, en una entrevista a Efe, esta iniciativa «fue el fruto de muchísimo trabajo, de mucho esfuerzo y tiempo, de desplazamientos en furgoneta a un sitio y a otro, de muchas llamadas a puertas, hasta que se lograron los apoyos necesarios».
Uno de ellos fue el de Paco Blázquez, presidente de la Federación Española de Balonmano, al que le encantó la idea planteada por Ricardo Alonso, que fue el primer seleccionador, y Óscar Perales, que sustituyó al frente del banquillo a su compañero después de haber sido integrante del equipo, como jugador, hasta que sus muñecas dijeron basta.
«Disfrutábamos jugando, había un buen ambiente y mucha gente ayudando a seguir para delante. Yo pasé un par de años como jugador y capitán, pero mis muñecas empezaron a dar problemas y tuve que apartarme de las pistas, pero seguí como técnico, echando una mano a Ricardo», ha detallado.
No estaba solo, ni podía estarlo, porque Óscar Perales se granjeó el cariño de todos los que tuvieron la suerte de coincidir con él en las diferentes etapas de su vida, y tanto el Recoletas Atlético Valladolid -del que fue coordinador de cantera-, como el Aula Valladolid o la Federación de Balonmano de Castilla y León, contribuyeron a difundir su proyecto.
De hecho, el que fuera presidente de la entidad autonómica, Carlos Sauner, ha sido uno de los más destacados «mecenas» de la selección campeona, junto a Javier de Larrea, entrenador de categorías inferiores del Recoletas o Manu Belver, periodista, que se han convertido en familia.
Unidos para superar obstáculos
Todos ellos han compartido ese título mundial conseguido en Granollers, en el que ha sido clave esa gran unión, el lema «tenemos un plan» de Larrea, que caló hondo, porque «se logró una versión mejorada de cada uno» que les permitió ir superando obstáculos y fases, hasta ganar a Japón en la final.
«Nos ayudó a todos tener un objetivo común y el sumar para el grupo. Tardarán en bajarse de la nube un tiempo, porque ha sido algo inesperado que se ha conseguido, porque no sabían que era casi imposible hacerlo, que es lo primero que les dije cuando ganamos el título», ha indicado.
Tras unos días de reconocimientos institucionales, que merecen disfrutar, Óscar Perales y su equipo retomarán los entrenamientos con IncluSport, para entrenar en Zaratán, ya que tiene uno de los pocos pabellones adaptados de la ciudad, a unas horas un tanto intempestivas, de 21.00 a 23.00.
Es consciente de que, de no haberse lesionado, esto no habría existido, porque en su día tuvo sobre la mesa un contrato de 250.000 euros en Francia, pero Viseu trastocó su fichaje, y tuvo que reinventarse, echar mano de la tan manida resiliencia que, en su caso, cobra el mayor de los sentidos, por todo lo que sufrió a título personal y familiar.
Perales no solo pasará a la historia como el brillante jugador de balonmano que fue, y que volvió a disfrutar de las pistas con una silla de ruedas hasta dirigir a un equipo campeón del mundo, sino, fundamentalmente, por su humanidad, su generosidad y su compromiso social. EFE








