Hace un año que el Ayuntamiento de Salamanca puso en marcha las visitas guiadas gratuitas al cementerio San Carlos Borromeo, abierto en 1832, donde reposan figuras esenciales como Miguel de Unamuno, Filiberto Villalobos, Dorado Montero, Rafael Farina, Basilio Martín Patino o Agustín Casillas, cuyas tumbas y panteones ayudan a recorrer además dos siglos de cambios sociales y estéticos en las prácticas funerarias. "Les cuento a los visitantes la parte histórico-artística del cementerio, sobre todo la historia del propio cementerio, las diferentes ampliaciones que tuvo, que explican a su vez la historia de la ciudad", cuenta a EFE Juan Ignacio García, arqueólogo e historiador y guía cultural de Salamanca. EFE/J. M. García

Más allá del duelo: los cementerios como espacios de arte, cultura y memoria

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Raquel de Blas/Cristina García Casado | Salamanca/Madrid (EFE).- Los cementerios fueron durante mucho tiempo lugares reservados al duelo, al silencio y a la visita familiar. Sin embargo, en los últimos años muchos recintos históricos españoles han empezado a abrirse a una nueva dimensión: visitas guiadas, rutas nocturnas teatralizadas, conciertos y actividades didácticas que los presentan como espacios de cultura y memoria colectiva.

La festividad de Todos los Santos, el 1 de noviembre, acelera cada año esta transformación. Miles de familias acuden a limpiar lápidas, llevar flores y recordar a sus seres queridos, pero también se ha convertido en una oportunidad para descubrir que tras un panteón, una lápida o una escultura funeraria hay arquitectura, historia social, memoria política y biografías que explican la ciudad.

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Hace un año que el Ayuntamiento de Salamanca puso en marcha las visitas guiadas gratuitas al cementerio San Carlos Borromeo, abierto en 1832, donde reposan figuras esenciales como Miguel de Unamuno, Filiberto Villalobos, Dorado Montero, Rafael Farina, Basilio Martín Patino o Agustín Casillas, cuyas tumbas y panteones ayudan a recorrer además dos siglos de cambios sociales y estéticos en las prácticas funerarias. EFE/J.M. García

Entre sus tumbas y panteones también se puede leer la historia de una ciudad: sus desigualdades, sus movimientos artísticos, sus personajes ilustres y sus vidas anónimas. En torno a Todos los Santos, iniciativas como las que organizan en Salamanca, León, San Javier (Murcia) y Reus invitan a descubrir ese patrimonio.

De Unamuno a Rafael Farina

Hace un año que el Ayuntamiento de Salamanca puso en marcha las visitas guiadas gratuitas al cementerio San Carlos Borromeo, abierto en 1832, donde reposan figuras esenciales como Miguel de Unamuno, Filiberto Villalobos, Dorado Montero, Rafael Farina, Basilio Martín Patino o Agustín Casillas, cuyas tumbas y panteones ayudan a recorrer además dos siglos de cambios sociales y estéticos en las prácticas funerarias.

«Les cuento a los visitantes la parte histórico-artística del cementerio, sobre todo la historia del propio cementerio, las diferentes ampliaciones que tuvo, que explican a su vez la historia de la ciudad», cuenta a EFE Juan Ignacio García, arqueólogo e historiador y guía cultural de Salamanca.

Estas visitas guiadas han dado narración oral a un proyecto previo de señalización del cementerio, que localiza sus principales puntos de interés, un total de 39, como las tumbas de personajes ilustres, panteones de gran valor artístico y otros lugares destacados como la capilla, el crucero de San Cebrián, la cruz de los Irlandeses y el llamado Ángel de la Muerte.

El cementerio cerró su cupo en el año 2000, es decir, que ya no se ampliará más y solo lo usan como lugar de visita a familiares fallecidos quienes ya tenían alguien allí antes de esa fecha o poseen un lugar de entierro familiar, de manera que, salvo en estas fechas de Todos los Santos, ahora sobre todo lo visitan los asistentes a estas rutas guiadas.

Hace un año que el Ayuntamiento de Salamanca puso en marcha las visitas guiadas gratuitas al cementerio San Carlos Borromeo, abierto en 1832, donde reposan figuras esenciales como Miguel de Unamuno, Filiberto Villalobos, Dorado Montero, Rafael Farina, Basilio Martín Patino o Agustín Casillas, cuyas tumbas y panteones ayudan a recorrer además dos siglos de cambios sociales y estéticos en las prácticas funerarias. EFE/J.M. García

«Es raro que alguien se acerque aquí a pasear por algunos cementerios. Yo sí voy a leer, a pensar, a escribir en esos lugares, la arquitectura de antes acompaña, a diferencia de la que se hizo después», considera García, que se encarga de las visitas y defiende que en España cambie la cultura en relación con estos espacios.

El experto pone como ejemplo Francia, donde algunos cementerios, como el del Père Lachaise de París, son una visita obligada para el turista en la ciudad, algo que aún en España cuesta, por una «relación de cierto tabú con la muerte» frente a lo que ocurre en otros países comparables.

«Quizás vaya cambiando. Las visitas las tenemos completas, la gente pregunta muchísimo, desde cuestiones realmente peculiares a otras más de forma y uso del cementerio», relata el guía, que en sus paseos culturales, de 25 personas, tiene gente de todas las edades, incluidos grupos de extranjeros o de jóvenes que participan en un programa municipal.

León: rescatar la memoria local

«La pretensión no era darle una nueva vida, sino mostrar todas las facetas de un cementerio», explica a EFE el gerente de la empresa de servicios funerarios en León (Serfunle), Fernando Salguero, sobre el origen de las rutas culturales que comenzaron en la capital en 2017.

Además de su función funeraria, reivindica el recinto como «un compendio de historia de la ciudad» porque lo que se busca es «rescatar del olvido» a quienes contribuyeron a construirla y acercar sus biografías también a las nuevas generaciones.

El itinerario de este año ha incluido nueve paradas dedicadas a personajes e instituciones, con explicaciones patrimoniales y escenas teatralizadas. «Hacemos una combinación de gente de la cultura, de la sociedad, pero también de gente popular», señala Salguero al recordar que uno de esos protagonistas ha sido «el señor que empezó a vender gaseosa en León».

Según Salguero, la asistencia ha pasado de unas decenas de personas en las primeras ediciones a 1.700 este año, con una presencia creciente de niños acompañados por padres o abuelos.

Recalca que el respeto guía la organización de la visita, en la que personal de Serfunle acompaña a los grupos y supervisa que nadie abandone el recorrido. «No podemos herir la sensibilidad de nadie ni alterar cualquier sentimiento», señala.

Ruta Europea de Cementerios

España cuenta con más de una veintena de recintos incorporados a la Ruta Europea de Cementerios que el Consejo de Europa certificó como itinerario cultural en 2010. Desde Ciriego, en Santander, hasta Polloe, en San Sebastián; La Almudena, en Madrid; el Cementerio Inglés de Málaga, o el camposanto de Reus (Tarragona).

Las rutas nocturnas y teatralizadas son una de las fórmulas que mejor han conectado con nuevos públicos. No se trata únicamente de contar quién está enterrado en un lugar, sino de convertir el recorrido en una experiencia narrativa en la que un guía aporta el contexto histórico y artístico, mientras actores encarnan a vecinos relevantes o populares.

Reus: historia y acompañamiento

En Reus, esta fórmula acumula 18 ediciones. Según cuenta a EFE la concejala de Buen Gobierno, Transparencia y Participación y consejera delegada de la empresa pública funeraria FuneCamp, Montserrat Flores, la iniciativa nació para añadir a la dimensión emocional del cementerio una lectura patrimonial: entender cómo una ciudad representa la muerte y qué cuentan sus enterramientos sobre su historia.

El recorrido combina panteones modernistas, neogóticos o neoegipcios con escenas sobre la vida local de finales del XIX y principios del XX. «Tiene mucho peso la historia de la ciudad», señala Flores, que remarca que junto a personajes notables aparecen voces cotidianas, como la de una obrera que conversa con su novio ante el panteón de una familia empresaria para acercarse a las relaciones sociales de la industria textil.

La demanda supera ampliamente la capacidad: reciben unas 2.000 peticiones para un máximo aproximado de 400 asistentes, repartidos en nueve sesiones. Para adjudicar las plazas, han sustituido la «carrera por inscribirse» por un sorteo público.

Pero la actividad no termina en otoño. Hay visitas guiadas diurnas y un ciclo de primavera que ha abordado desde la Guerra Civil hasta la fauna y la vegetación del recinto. El objetivo es «vivir y utilizar ese espacio como ciudadano», incide Flores.

También celebran el ‘Concierto para el Recuerdo’. Tras años de aproximación histórica, buscaban «un acto que fuera más puro acompañamiento». Música, palabra y, en algunas ediciones, danza ofrecen un homenaje abierto tanto a familiares de fallecidos como a quienes desean acercarse al lugar desde otra perspectiva.

«No buscamos para nada la sensiblería», aclara la concejala, que hace hincapié en que esta propuesta reconoce una emoción que no siempre encuentra espacio. «Es como si no tuviéramos permiso para estar tristes». Frente a ello, el concierto transmite un mensaje: «Es la ciudad la que os acompaña».

San Javier: luz a través de la cultura

«Quería llevar luz al cementerio y llevar la luz a través de la cultura». Así resume David Martínez, profesor de Secundaria, historiador y concejal de Cultura de San Javier (Murcia), el origen del proyecto que ideó en 2014, una representación del ‘Don Juan Tenorio’ de Zorrilla acompañada de un recorrido por el camposanto.

Entonces presidía la Asociación de Belenistas de la localidad. Con el visto bueno del alcalde y del párroco, impulsó una propuesta que comenzó con 500 localidades y que hoy, según explica a EFE, moviliza a más de 200 participantes de colectivos locales. La función reúne a 1.500 espectadores y el paseo previo ha atraído este año a 3.000 personas.

Durante unas dos horas, los visitantes recorren el cementerio entre miles de velas, altares, reproducciones de obras de arte y actuaciones musicales. Coros, músicos del conservatorio, agrupaciones instrumentales y las tradicionales Campanas de Auroros forman parte de una experiencia que culmina con el teatro. «Es un viaje en el tiempo, pero un viaje sensorial, espiritual, cada uno lo interpreta como le parece», opina.

El comienzo estuvo marcado por las resistencias. Martínez recuerda protestas de quienes confundieron la propuesta con una fiesta de Halloween y acusaciones de profanación. Para consolidarla, buscó que trascendiera a sus promotores y se convirtiera en «un proyecto de ciudad».

La implicación vecinal ha llegado hasta las familias que abren y decoran sus panteones durante la visita. Pero la participación no elimina la necesidad de fijar límites para no convertir el cementerio en un parque temático. «Cuidamos muchísimo que no parezca un simple escaparate», asevera.

Conocer para conservar

Las visitas también han reforzado el cuidado del patrimonio leonés. El cementerio actual, inaugurado en 1932, conserva enterramientos trasladados del recinto anterior, algunos de elevado valor artístico, escultórico y arquitectónico, recuerda Salguero, que asegura que las visitas han contribuido a incrementar «el mayor cuidado y la mayor atención al estado de conservación».

Esa relación entre conocimiento y conservación atraviesa las tres experiencias. No se trata de borrar el duelo, sino de ensanchar las formas de recordar. Como sostiene el concejal de Cultura de San Javier, estas iniciativas permiten reconocer los camposantos como «espacios de memoria, de historia, de arte, de patrimonio».

«Es una forma de recordar a los ausentes y, al mismo tiempo, de proteger el legado material que permanece», concluye. EFE