David Álvarez|Sant Feliu de Guíxols (EFE).- El festival Porta Ferrada destaca año a año por su cartel y presume de decano de este tipo de citas, pero no siempre se puede colgar la medalla de traer a un músico como el pianista Sofiane Pamart, alguien que corre la Fórmula Uno de su género.
Pamart es inclasificable y amante de borrar fronteras tanto por origen, francés con ancestros marroquís, como en su profesión, donde ha combinado el clasicismo con el rap para escapar de toda etiqueta.
Con residencia también ambigua, dividida entre Los Angeles y París, ha llegado a reivindicar esa condición de Fórmula Uno de forma tan explícita como lo es a través de una colaboración con un piloto de esa disciplina deportiva tal que Charles Leclerc.
En Sant Feliu de Guíxols (Girona), Sofiane Pamart ha respondido a lo que se espera de él en una actuación, ese repertorio que se hace raro a quien espera un concierto clásico y clásico a quien no acaba de saber a lo que va más allá de disfrutar de un festival de verano en la Costa Brava, que no es poca cosa.
Público internacional para ver a Sofiane Pamart
En la grada, público internacional, mucho más que otras veces, en parte por la cercanía de Francia, donde se conoce especialmente a este pianista, aunque su aura alcanza una dimensión mundial.
Pamart figura entre lo cinco artistas de música clásica más escuchados en plataformas y sus manos han tocado en los escenarios más prestigiosos.
El privilegio ha sido esta vez para el de Porta Ferrada, que ha visto como el protagonista de la velada arrancaba con ‘Seoul’, una pieza del álbum ‘Planet’, publicado en 2019 y el mismo al que pertenecía el segundo tema de la noche, ‘Le Caire’.
La presentación de Pamart en Sant Feliu de Guíxols ha sido la del pianista que se enfrenta solo al teclado sin más acompañamiento que el humo y un discreto juego de luces.

Más cerca de Lamine Yamart que de Lang Lang o Mehldau
Al francés se le ve sin necesidad de que luzca galas poco discretas -en Porta Ferrada estuvo de riguroso negro y gafas oscuras- que su objetivo es el de atraer nuevo público al universo de la música clásica y regenerar a una audiencia que precisa de pasarle el testigo a la siguiente.
La carrera de Sofiane Pamart, el autodenominado como ‘Rey del piano’, pasa siempre por integrarse a la estética y a la realidad musical de los jóvenes hasta recordar más a un Lamine Yamal que a compañeros de gremio como Lang Lang o Brad Mehldau.
Ahí se enmarca un tema como ‘Alba’, que nace de una alianza con el colectivo de música electrónica ‘Bon entendeur’ y que se ha dejado escuchar en Sant Feliu de Guíxols al igual que algunas piezas de su álbum más hispano, cuanto menos por los nombres de las canciones, como es ‘Noche’.
Pamart sabe jugar con las teclas y lo ha hecho también con el público en alguna ocasión hasta el punto de invitarlo a contribuir al ritmo con palmas.
Ese tipo de cosas, incluido su acercamiento casi permanente a melodías pop, le han valido también a lo largo de los años las críticas de los puristas, aunque el francés parece tener claro que alguien tiene que atraer fieles para que la música de su idolatrado Chopin no se vea relegada a simple historia.
Creaciones propias, colaboraciones y directos
Su apuesta se traduce por el momento en álbumes de creación propia y colaboraciones variopintas, además de directos como este de Porta Ferrada.
En el epicentro del concierto ha llegado una de las piezas más esperadas, ‘Love’ y, en el último tramo, una visita a los primeros pasos con ‘La Havane’, el ‘Ascenseur’ que ideó con el rapero belga YG Pablo, y, de vuelta a los inicios, ‘Medellin’ para la despedida.
Para los bises, se ha reservado ‘Me’ y ‘Solitude’, que han dado paso a la ovación de un público que, en buena parte, era compatriota del artista, cuya actuación ha sido reconocida con un sorprendente respeto en cuanto a aparición de móviles, pese a estar delante de un Fórmula Uno de solo 35 años al que le queda mucho por delante. EFE