Pau Costa Soler |
Barcelona (EFE).- Los domingos 1 y 8 de febrero de 1976, apenas dos meses y medio después de la muerte de Franco, miles de manifestantes salieron a la calle en Barcelona, coreando el lema «Libertad, Amnistía, Estatuto de Autonomía», hasta que irrumpieron las patrullas policiales y los dispersaron con brutalidad.
Cincuenta años más tarde, los historiadores David Ballester y Manel Risques publican «Las manifestaciones por la amnistía y la libertad» (Editorial Base), un ensayo sobre aquellas movilizaciones, «las más importantes desde el final de la Guerra Civil», afirman.
«La dictadura murió en la calle», subraya en una entrevista con EFE David Ballester, doctor en Historia Contemporánea por la UAB y coautor del libro junto a Manel Risques, profesor emérito de la UB.
Ambos historiadores -que ya habían publicado en 2001 «Tiempos de amnistía», un trabajo sobre el mismo momento histórico, escrito en el 25º aniversario de aquellas manifestaciones- se reencuentran para documentar a fondo uno de los principales episodios de la Transición en Cataluña, cuando aún estaba prohibido manifestarse.
Los autores han localizado más testigos y nuevas fuentes documentales para detallar aquel histórico punto de inflexión, en el que miles de personas perdieron el miedo de protestar y exigieron en la calle al Gobierno de Carlos Arias Navarro una ley de amnistía que sacara a los presos políticos de la cárcel.
Fue un movimiento interclasista de protesta contra la dictadura: clases medias e intelectuales se juntaron con asociaciones vecinales, obreros y estudiantes, además de sectores de la Iglesia que seguían al sacerdote y político Lluís Maria Xirinacs.
La fuerza de la calle
Ballester remarca «la importancia que tuvieron las movilizaciones a la hora de forzar la situación», con la voluntad de que el régimen franquista no fuese objeto de una simple operación cosmética, sino que se transformase en una democracia «plena, homologable a las de Europa Occidental», hacia donde la mayoría de la población «quería convergir».
Precisamente, la investigación pone el acento en el discurso «elitista» que, según Ballester, las versiones más oficialistas han querido instaurar sobre este proceso de democratización que acabó convirtiendo a España en un Estado de Derecho.
Un relato que transmite la idea según la cual la Transición se impulsó desde arriba, desde los despachos y mediante la negociación, mientras se infravalora el papel trascendental que, según sostiene el libro, desempeñó la calle, es decir, la fuerza ciudadana.
Ballester subraya que este discurso oficialista «margina» las movilizaciones populares, que fueron las que realmente «forzaron a los herederos del franquismo a doblar el brazo».
Violencia contra las protestas democráticas
En su entrevista con EFE, Ballester denuncia la respuesta violenta del Gobierno posfranquista a las protestas: «La Transición española fue extraordinariamente violenta, no solo por el terrorismo, sino también por la violencia institucional protagonizada por la policía, que actuaba como si la dictadura se estuviese perpetuando».
Según Ballester, aquellas manifestaciones «fueron importantes para acentuar la crisis final del franquismo, para empezar a poner contra las cuerdas el proyecto aperturista y nada democrático» de Carlos Arias Navarro y Manuel Fraga».
«Estas movilizaciones forzaron que el Gobierno de Adolfo Suárez se dirigiese hacia una verdadera democracia», añade el historiador.
La portada del libro viene ilustrada por una fotografía de Manel Armengol, un fotoperiodista cuyas imágenes sobre aquellas jornadas de protesta en la Barcelona de 1976 dieron la vuelta al mundo.