Barcelona (EFE).- La fundación Mapfre permite con su última exposición, ‘Walker Evans. Now and Then’, revisar la obra del considerado como padre de la fotografía documental, una mirada insustituible a la vida cotidiana de los Estados Unidos.
Evans (San Luis, Misuri, 1903-New Haven, Connecticut, 1975) fue uno de los más influyentes fotógrafos para las siguientes generaciones, y es autor de imágenes icónicas como las luces de neón sobrepuestas en el distrito de los teatros de Chicago.
El director creativo del International Center of Photography de Nueva York, David Campany, es el comisario de esta antología de Walker Evans, que reúne fotografías y proyectos clave que recorren toda su trayectoria, desde los autorretratos de la década de 1920 hasta sus experimentos con Polaroid en la de 1970.
La retrospectiva suma asimismo libros y publicaciones que ayudan a acabar de compaginar el enfoque de Evans y su inagotable capacidad de observación, tal y como ha explicado el propio Campany en la presentación.

«A través de este conjunto, la muestra revela a un creador que no solo documentó el mundo que le rodeaba, sino que también invitó a cuestionar la función de la fotografía y cómo se percibía la realidad a través de esta», ha señalado.
Retrató a un EE.UU. en transformación
En las fotografías que se podrán ver en la fundación Mapfre del 26 de febrero al 24 de mayo, hay miradas directas y austeras del mundo que le rodea, escenas de la vida urbana y rural y un montón de rostros anónimos que muestran a un Estados Unidos en transformación.
Campany ha recordado que Evans antes de fotografiar quiso escribir, una voluntad narrativa que llevó al terreno que le hizo famoso y que explica por qué sus imágenes eran capaces de contar historias.
Esa mirada pasea al observador de su obra por la arquitectura de mediados de siglo XX, por los primeros carteles publicitarios, la cultura del automóvil o los bajos fondos de urbes como Chicago, sin olvidar sus viajes a África y a Cuba y su serie sobre objetos cotidianos.

La completa antología fotográfica -compuesta por 231 obras- es también un recorrido por la vida y experiencias de Evans, formado en Nueva York y París y retratista en sus inicios de la Gran Depresión en las zonas rurales de EE.UU.
En 1938, el MoMA le dedicó una exposición individual y publicó ‘American Photographs’, que se considera un «hito» del lenguaje moderno y tras la que empezó su célebre serie de retratos a pasajeros en el metro de la Gran Manzana.
La exposición también repasa sus etapas de fotógrafo de la revista ‘Fortune’ y de profesor en la universidad de Yale, sin olvidar sus últimos años explorando nuevas técnicas y lenguajes con la Polaroid SX-70. EFE