David Álvarez | L’Escala (Girona) (EFE).- El ganador del premio Café de Gijón 2025, Marc Colell, acaba de publicar la novela con la que obtuvo el galardón’, Las crines’, cuyo escenario es Argentina, un país que conoce sobradamente y donde asegura que «la desconfianza con lo nuevo es menor».
En una entrevista con EFE en la ciudad donde trabaja como profesor de instituto, L’Escala (Girona), Colell detalla esa visión que tiene y transmite al libro de que la población argentina parece «más dispuesta a incorporar la diferencia».
Precisa que ‘Las crines’ retrata una sociedad rural «especialmente acogedora y confiada», algo que echa de menos en España y que disfruta cuando cruza el Atlántico.

La relación del argentino con el lenguaje
Este escritor, licenciado en Letras por la Universidad Nacional de La Plata de Buenos Aires y en Humanidades por la Pompeu Fabra de Barcelona, sabe de lo que habla, utiliza modismos con fluidez en su novela y puntualiza al respecto que «el argentino mantiene y cultiva una relación muy particular con la palabra».
«Una palabra que sirve para compartir, para trasladar la intimidad, pero que también despliega como algo vivo, como un juego», añade.
Pese a una trayectoria coronada por el Café de Gijón, que incluye también reconocimientos de la Fundación El Libro de la Feria Internacional de Buenos Aires y de Premio Setenil, Marc Colell combina esa faceta artística con la de profesor de instituto.

Las movilizaciones del profesorado
De las recientes movilizaciones de profesores en Cataluña, asegura que se suma a ellas y las comparte, pero subraya que viven, él también, «instalados en la queja constante» y que eso les perjudica e inmoviliza.
La queja que detesta es la que apunta a los alumnos, porque culparlos le parece «una trampa y una especie de traición hacia ellos».
De vuelta a ‘Las crines’, el protagonista relata un viaje desde España a la pampa argentina, donde se encuentra con gente descrita desde una economía del lenguaje que deja sueltos cabos que debe cerrar el lector.
«No me gusta completar, cuando escribo, las vidas de los personajes, explicar demasiado. Prefiero mostrarlos tal cual son y dejarlos aparecer en el relato como si transitaran realmente por las páginas», indica.
Detesta las explicaciones «reiterativas o innecesarias» en las novelas, en las que, en su opinión, «pueden faltar cosas, pero nunca deben sobrar».
La visibilidad del Café de Gijón
Su carrera de escritor se ha visto sacudida por el premio Café de Gijón, porque «te da una visibilidad que no tenías» y que había buscado, aunque no la esperase.
«Fue una gran sorpresa. Por otro lado, le doy mucha importancia al jurado, compuesto por escritores y escritoras a los que leía y admiraba. Intento no pensar en las personas que lo ganaron en el pasado, como Ana María Matute, Carmen Martín Gaite o Leonardo Padura, prefiero concentrarme en las palabras y seguir escribiendo como siempre, con total libertad», afirma.
En ese momento surge la cuestión del salto a la editorial Siruela, con la que ha publicado ‘Las crines’ y donde se siente «muy bien acogido».
Matiza sin embargo que la sensación era la misma con su anterior editorial, ‘Ya lo dijo Casimiro Parker’, que confío en la novela ‘Reino vegetal’ y el libro de relatos ‘El bozal’.
Con Siruela, «el trato es muy cercano y afectuoso. Sin duda, la publicación en una editorial más grande supone un impulso en cuanto a promoción y te ayuda a encontrar más lectores. Es algo evidente que no necesito ni pretendo ocultar. Estoy en un gran momento y me siento muy bien».
Sobre la decisión de publicar en castellano, se declara sorprendido cuando le preguntan al respecto: «La lengua es, para mí, una herramienta de comunicación y un vehículo artístico. A veces escribo poesía en catalán, también. Soy bilingüe y no tengo complejos con eso ni siento el peso de una disyuntiva». EFE