Martina Alcobendas y Roger Mateos |
Barcelona (EFE).- El reciente acercamiento entre el líder de Junts, Carles Puigdemont, y el expresidente catalán Artur Mas, gestado con discreción tras años de distanciamiento, allana el camino para una recomposición del espacio posconvergente, que en los últimos tiempos había sufrido un proceso de dispersión.
Esta aproximación -en un momento en que el retorno de Puigdemont cobra verosimilitud por la posible aplicación efectiva de la ley de amnistía– cristalizó en una reunión en Waterloo (Bélgica) el pasado 10 de septiembre -que pasó casi desapercibida, porque ese día el foco de atención se centraba en las movilizaciones de la Diada-, de la que previamente solo había sido informado un grupo muy reducido de personas, según explican a EFE distintas fuentes de Junts.
Los equipos de Mas y Puigdemont acordaron que la reunión no se difundiría si no había sintonía entre ambos expresidentes, que llevaban dos años sin comunicación directa.
Uno de los episodios que contribuyeron a enrarecer las relaciones fue una entrevista de Mas con Regió 7, el pasado enero, en la que se preguntaba si Puigdemont podía «aglutinar» el espacio que en su día representó Convergència, aunque luego matizó que no pretendía cuestionar su liderazgo.
Finalmente, tras la reunión de Waterloo del 10 de septiembre, hubo fotografía y comunicado conjunto: «El presidente Mas recuerda que el regreso (de Puigdemont) no sería un regreso a la normalidad sino que sería un acto de restitución de la justicia», rezaba el texto.
Según fuentes conocedoras del contacto, Mas se puso «al servicio» de Puigdemont. Ambos coincidieron en la necesidad de articular una «sólida mayoría nacional», en un momento en que las encuestas detectan un ‘sorpasso’ de Aliança Catalana a Junts.
Primeros pasos hacia la reconstrucción del espacio
El deshielo ha despertado entusiasmo entre dirigentes próximos a Puigdemont: con este gesto, apuntan diversas fuentes, Mas disipa dudas sobre sus intenciones y se aleja de posibles maniobras de sectores partidarios de acelerar cambios internos en Junts.
Voces que abogan por recuperar el perfil moderado -en las formas y en el fondo- de la antigua Convergència también aplauden la conexión entre Puigdemont y Mas -que no milita en Junts, pero sigue siendo un referente para algunos sectores-, porque puede facilitar la reconciliación con núcleos que se habían distanciado del partido.
Este proceso de recomposición ya ha empezado a pequeña escala: en abril, Junts firmó un acuerdo con Convergents -partido surgido de la desintegración de Convergència, liderado por el exconseller Germà Gordó- para formar candidaturas municipales conjuntas, mientras que, en julio, Junts anunció una alianza electoral en Girona con el Partit Nacionalista de Catalunya, fundado por la exdirigente del PDeCAT Marta Pascal, que años atrás chocó con Puigdemont.
Movimientos para revitalizar el catalanismo moderado
Son pasos aún tímidos hacia una acumulación de fuerzas, que contrastan con la decisión -tomada antes del verano- del exconseller Jaume Giró de dejar la militancia, tras años reivindicando un rumbo más moderado e institucional en Junts.

Otro movimiento relevante, este septiembre, ha sido la puesta en marcha de la fundación Paral·lel 41, impulsada por la exconsellera Victòria Alsina, que busca renovar el catalanismo desde la sociedad civil y «abrir una nueva etapa» tras el ‘procés’.
Asistieron a la presentación de la fundación personalidades como el expresident Jordi Pujol, exconsellers como Jaume Giró, Felip Puig, Andreu Mas-Colell, Àngels Chacón, Quim Forn, Irene Rigau, Ramon Tremosa o Josep Maria Argimon, además de exdirigentes del PDeCAT como Marta Pascal y de Junts como Jordi Sànchez.
Una estrategia más clara contra Aliança
Todo ello se desarrolla en paralelo a un cambio significativo en la estrategia ante el auge de Aliança Catalana: la cúpula de Junts ha optado por marcar una posición más contundente frente a los de Sílvia Orriols, un endurecimiento del discurso que practicó por primera vez el secretario general del partido, Jordi Turull, este agosto en la Universitat Catalana d’Estiu, en Prada (Francia).
El mensaje que Turull traslada ahora, en público y en privado, es que Junts debe plantear «batalla» a la «extrema derecha» de Aliança, en vez de ignorar o evitar el cuerpo a cuerpo con Orriols, como establecía hasta ahora la consigna oficial.

Nuevo plan de comunicación
La dirección de Junts quiere promover un discurso más centrado en las propuestas y menos «en la queja», y confía en difundirlo entre un nuevo electorado -especialmente, jóvenes- a través de las redes, tal y como prevé un nuevo plan de comunicación del partido, según las fuentes consultadas.
Mientras tanto, Junts espera que el regreso de Puigdemont sea un revulsivo, aunque la duda sigue siendo qué papel querrá desempeñar.
¿Ocupará su escaño en el Parlament como jefe de la oposición o dejará su acta de diputado? ¿Se preparará para ser nuevamente candidato a la Generalitat o promoverá cambios internos?










