El presidente del Colegio de Ópticos-Optometristas de la Comunitat Valenciana, Rafael Pérez Cambrodí, en una imagen facilitada por la entidad colegial.
El presidente del Colegio de Ópticos-Optometristas de la Comunitat Valenciana, Rafael Pérez Cambrodí, en una imagen facilitada por la entidad colegial.

El Colegio de Ópticos alerta de que el relevo generacional en el sector «está en peligro»

Concha Tejerina | València (EFE).- La integración «plena y efectiva» de los ópticos-optometristas en la sanidad pública y resolver en este sector el problema de «relevo generacional», actualmente «en peligro», son dos de las prioridades del nuevo presidente del Colegio de Ópticos-Optometristas de la Comunitat Valenciana, Rafael Pérez Cambrodí.

Así lo asegura en una entrevista con EFE Pérez Cambrodí, quien también advierte de la progresión de la miopía en los más jóvenes asociada al «uso y abuso» de dispositivos electrónicos, y afirma que las tendencias a futuro son «realmente espeluznantes, a nivel prácticamente de pandemia».

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Pérez Cambrodí (Alicante, 1968), que en los últimos años ha sido vicepresidente de la institución y toma el relevo de Andrés Gené, subraya que su reto es dar continuidad a su trabajo porque reciben una institución «consolidada, con una trayectoria reconocida y con una presencia social y sanitaria creciente».

Problemas de relevo generacional

El presidente del COOCV también advierte de que hay un «problema global» en este sector, que es boyante desde el punto de vista económico y profesional y que cuenta con profesionales bien formados y bien reconocidos: «Tenemos un problema de relevo generacional, ahora está en peligro».

«Me preocupa mucho», afirma para añadir que aunque sea para obtener resultados a largo plazo, es necesario integrar tanto al sector empresarial como a las universidades y al propio alumnado, «para fomentar que haya más estudiantes de óptica-optometría en las universidades, que haya más retención del talento y que, evidentemente, haya un relevo generacional adecuado».

Calcula que en España todos los años salen unos 300 ópticos-optometristas menos de los que el mercado sería capaz de absorber, y eso «lleva a una nuclearización del sector». También advierte de que si no se logra generar ese relevo generacional, las ópticas pequeñas serán las que «peor lo van a pasar».

Una persona coge un par de gafas de un expositor, en una imagen de archivo. EFE/J.J.Guillén

Salud visual de la población valenciana

Aunque los ciudadanos valencianos están cada vez más concienciados sobre las labores de prevención ocular, y tres de cada cuatro consultas que hacen sobre problemas o dudas en la visión son a los ópticos-optometristas, aún desconocen aspectos fundamentales en cuanto a enfermedades como la degeneración macular asociada a la edad, el glaucoma o las cataratas.

En cuanto a lo que son defectos refractivos o problemas de graduación, también es representativo el desconocimiento en aspectos como la vista cansada, la miopía o el progreso de la miopía en los jóvenes asociado al uso de dispositivos electrónicos.

En este último caso «ha habido una regresión en cuanto a la salud visual», alerta Pérez Cambrodí, que indica que si hace unos años, en una clase de 40 o 50 alumnos, los miopes que llevaban gafas eran un 10 o 15 %, hoy en día está en torno al 38 o 40 % y las tendencias a futuro «son realmente espeluznantes, a nivel prácticamente de pandemia».

Según el experto, en estas cifras hay un factor no solamente genético, sino también del entorno, «un factor exógeno que es el que está favoreciendo ese aumento de la miopía, que es, evidentemente, el uso y abuso de los dispositivos electrónicos».

«Los ojos no están preparados para estar enfocados tantas horas en visión de cerca y lo que hacen es readaptarse a esa situación anómala. Entonces se vuelven miopes», explica el experto.

Afirma que el problema no es solo que tengan que llevar gafas o lentillas, sino que «cuando hay una miopía en progresión a partir de una determinada cantidad de dioptrías ya no es solo un problema de desenfoque, es un problema estructural. El ojo sufre problemas estructurales y es más frecuente que pueda haber desprendimientos de retina, problemas maculares o problemas como el glaucoma».

Al final, agrega, eso repercute en un problema de salud pública y también en un problema económico, porque asistir a pacientes que tienen patologías retinianas graves es también muy caro para el sistema. «Invirtiendo en prevención también estamos ahorrando a futuro», subraya.

El presidente del Colegio de Ópticos-Optometristas de la Comunitat Valenciana, Rafael Pérez Cambrodí, en una imagen facilitada por la entidad colegial.

Integración en la sanidad pública

Una de sus primeras decisiones al frente de la entidad colegial, ha dicho, será «perseverar» en la integración plena y efectiva en la sanidad pública por parte de los ópticos-optometristas.

Según explica, cerca del 86 % de los colegiados trabajan en establecimientos sanitarios de óptica privados, otro porcentaje importante lo hace en la sanidad privada otfalmológica en el ámbito hospitalario y solo son «34 compañeros y compañeras los que lo hacen en la sanidad pública, de los que solo 11 tienen plaza fija».

«Es un porcentaje mínimo que queremos impulsar, de alguna manera estos compañeros y compañeras son la punta de lanza de la profesión dentro de lo que es la asistencia pública», indica Pérez Cambrodí, que añade que la categoría estatutaria está reconocida desde 2014 «pero son muy pocos los que en las últimas oposiciones de empleo público han conseguido plaza».

Ahora mismo, afirma, «la sanidad pública valenciana perfectamente podría absorber 200 plazas más, y no son muchas», y subraya que el hecho de que haya más ópticos-optometristas en la sanidad pública «no solamente no va a mermar los recursos humanos que puedan llegar a los establecimientos sanitarios de óptica, sino lo contrario».

«Lo que va a hacer es motivar a las nuevas generaciones a que puedan estudiar el grado de óptica y optometría y, de esta manera, pueda haber un relevo generacional importante en cualquiera de las salidas profesionales que ahora mismo tienen», añade.

Según explica, «se ha visto que los hospitales que cuentan con un departamento de Optometría, con estos profesionales que hacen muchísimas cosas dentro de lo que es la labor asistencial, son muchísimo más eficientes, están mejor valorados por los pacientes y las listas de espera son menores».

«También los oftalmólogos están absolutamente encantados porque se pueden dedicar con mayor frecuencia e intensidad a labores quirúrgicas que son, al fin y al cabo, lo que genera ese cuello de botella», asevera.

Afirma que Ofalmología es una de las especialidades con más lista de espera y, para desatascar esos servicios, la mejor manera es ir incorporando ópticos-optometristas en todos los departamentos de salud de la Comunitat Valenciana y hacerlo «de una manera evidentemente racional».

El óptico-optometrista «es el primer profesional que recibe al paciente y el que hace la exploración básica, y puede encargarse del 70 o 75 % de los pacientes, y si encuentra algún signo o detecta alguna sintomatología o cualquier aspecto que pueda indicar una sospecha diagnóstica de una patología, lo va a derivar al oftalmólogo», indica.

Por último, advierte sobre la necesidad de usar gafas de sol homologadas para evitar problemas oculares: «Una gafa de sol que no está homologada es una gafa de sol pintada, no es un filtro, y por lo tanto no tiene la capacidad de poder protegernos del exceso de radiación ultravioleta, que es la más agresiva para nuestros ojos».