La librería que difunde pensamiento crítico y se organiza en comunidad

Loli Benlloch | València (EFE).- La librería merecedora este año del premio de la Generalitat a la más innovadora no es una librería al uso, pues además de vender libros -relacionados con el pensamiento crítico- tiene una editorial y se organiza en comunidad: comparte su espacio con cinco entidades y tiene una sala que pueden usar colectivos sociales.

Se trata de La Repartidora, nacida en 2014 en el barrio valenciano de Benimaclet, un «espacio transversal» que actualmente ocupa 222 metros cuadrados, donde se pueden encontrar 5.000 libros pero también ropa ética (producida en condiciones laborales justas y de manera sostenible), revistas, juegos de mesa o láminas, y asistir a presentaciones, cursos o un grupo de lectura.

Al frente de la librería están Mar Català, Jordi Garcia Miravet y Dario Riccobono, quienes explican a EFE que el mérito de esta distinción honorífica, que se entregará el próximo 20 de noviembre, es de toda la comunidad que respalda este proyecto, que de alguna forma se ha sentido también premiada con este galardón.

En su opinión, innovador es que en estos momentos en que prima lo digital una librería «dé de vivir a otras personas» -en este caso a las tres que atienden el local, que trabajan 25 horas semanales cada una-, mientras que organizarse en comunidad es «excepcional dentro del mundo del libro» en la ciudad de València.

Aportaciones de socios

‘La Repar’, como se la conoce coloquialmente, es una asociación sin ánimo de lucro que no busca «hacer dinero, sino poder vivir dignamente del trabajo» y que gracias a la aportación de 240 personas socias (que pagan 50 euros al año o 100 en el caso de colectivos) no ha tenido que pedir nunca un préstamo a los bancos para impulsar el proyecto.

Cuenta con la editorial Caliu, que publica ensayo político y libro infantil ilustrado con perspectiva crítica en catalán, y un grupo de pensamiento denominado ‘Sabers comuns’, cinco proyectos de entidades relacionados con la defensa del territorio, la soberanía alimentaria, la economía social y el feminismo que comparten espacio con la librería.

El local que ocupan desde hace un año, gracias a una campaña de micromecenazgo en la que reunieron 30.000 euros, incluye además una sala de 70 metros cuadrados concebida como un espacio de encuentro abierto al barrio y a la ciudad de València que pueden utilizar los colectivos sociales.

Mar Català, Jordi Garcia Miravet (d) y Dario Riccobono (i), las personas al frente de la librería La Repartidora. EFE/ Biel Aliño
Català, Garcia Miravet (d) y Riccobono (i), al frente de la librería La Repartidora. EFE/ Biel Aliño

No solo ensayo

El ensayo supone el 70 % de los fondos de la librería, que también ofrece narrativa «social», novela gráfica y libro infantil, sobre todo en catalán, principalmente de editoriales de la distribución alternativa y de proyectos autogestionados, para darles visibilidad.

El perfil medio de las personas que visitan La Repartidora es el de gente con inquietudes culturales, estudiantes y familias, con un margen de edad cada vez más amplio, aunque admiten que la franja «más complicada» es la de los adolescentes.

«Muchas veces relacionan el concepto de librería con un gran centro comercial, y cuando les cuentas este proyecto les impacta que sea algo más que un tienda donde se venden libros y en la que no encontrarás el ‘best seller’ o el libro del ‘youtuber’ de moda del momento», señala Riccobono.

La pandemia, un revulsivo para la librería

La Repartidora, cuyo nombre se inspira en la ambición transformadora de repartir recursos y oportunidades para tener una sociedad más igualitaria, tuvo en la pandemia un revulsivo, pues explican que desde el inicio del confinamiento la gente apostó por las librerías del barrio y estuvieron llevando libros a los domicilios sin parar.

La próxima edición de la Fira del Llibre de València será la primera vez en la que participe esta librería, que apuesta por funcionar como una «comunidad de comunidades» junto a colectivos sociales, explica Garcia, y que si funciona es «porque hay gente que ve la necesidad de que funcione y le da apoyo», señala Català.