Eva García González |
Santander (EFE).- El Hotel París de El Sardinero, de Santander, fue un alojamiento regentado por generaciones de mujeres en la época dorada del verano santanderino del siglo XX.
Ahora la incógnita es el futuro de este histórico complejo que va a pasar por una reconstrucción.
El portavoz de la Asociación Ciudadana en Defensa de El Sardinero, Pablo Coto, explica a EFE que el edificio es una pieza «fundamental» del paisaje urbanístico y cultural de la etapa turística de esa zona de la capital de Cantabria, que comenzó a principios de siglo con el veraneo del rey Alfonso XIII y su esposa Victoria Eugenia.
El proyecto de obra que el Ayuntamiento de Santander aprobó a principios de septiembre de este año, al que ha tenido acceso EFE, contempla la reconstrucción del hotel: su demolición y posterior ejecución de un nuevo edificio a semejanza del actual.
Tras la obra, que ya solo está a la espera de su licitación, el edificio desaparecerá tal y como se contempla en la actualidad, según explica Coto, algo que considera una «aberración» porque «demoler no es conservar» y tirarlo supondrá «perder los valores genuinos del hotel, el arquitectónico y el cultural».
La asociación nació para defender los intereses y valores de la Avenida de los Hoteles, en la que también están el Hoyuela y El Sardinero (ya reconstruidos) y en la que se encontraba el Roma, en el que se hicieron viviendas.
Salvar el edificio
Los vecinos piden salvar el edificio, construido en 1875, y adecuarlo a los estándares, que sea un proceso transparente y que se les consulte. «Que sea un proceso participativo, sin prisa y velocidades», resumen.
Defienden que la demolición «se salta» el plan de protección y conservación de El Sardinero, que se aprobó en 1986 y cuya finalidad es proteger este tipo de edificios.
«Hay que dejar lo auténtico, no hacer copias, no derribar el original para sustituirlo por un decorado. Representa uno de los últimos testimonios del turismo de balneario», reivindican.
Una «cosa» familiar
El arquitecto Pedro Fernández, perteneciente a la familia que regentó el hotel desde sus inicios hasta su cierre definitivo en 2017, explica a EFE que el París es «parte de la familia», la «casa familiar» en la que han celebrado todas las fiestas.
Desde su bisabuela siempre han sido las mujeres de la familia las que han llevado el hotel, que abría desde el 29 de junio hasta principios de septiembre y cerraba durante el resto del año.

Cuando él era pequeño se trasladaban solo durante los meses de verano, llevando desde su casa del centro de la ciudad todo el mobiliario para instalarse allí durante la temporada.
«Era la alegría del verano, de las vacaciones. Mis recuerdos del verano son corriendo por el hotel, subiendo y bajando las escaleras y jugando en la Avenida de los Hoteles y en la playa, al lado del Vivarium», recuerda.
Fernández rememora cómo su tía, que dormía en la habitación detrás de la recepción, trabajaba todo el día y, cada vez que llegaba alguien sin reserva o en medio de la noche, conseguía ofrecerle una cama o contactar con alguien que pudiese alojarle si no había disponibilidad.
«El hotel lo vemos como una cosa familiar, algo que trasciende al edificio. Es lo más importante de nuestra vida, donde nos hemos reunido siempre. Nuestra vida está allí metida», explica.
Y asegura que el edificio «tiene un aura, que por mucho que se repita, se pierde», porque «responde a la autenticidad de un momento» y, aunque se reproduzca, «no podrá ser el mismo».










