Santa Cruz De Tenerife (EFE).- La escritora Olga Tokarczuk, Premio Nobel de Literatura de 2018, ha afirmado este jueves que estos tiempos «de mucho lío» le hacen sentir «muy indefensa, muy frágil» porque una buena literatura requiere de cierto tipo de distancia y esta época, ha dicho, no da esa oportunidad.
La autora polaca ha confesado sentirse de esta manera en un encuentro con periodistas con motivo de su participación en el festival de novela negra Tenerife Noir, donde además tiene previsto participar esta tarde en un diálogo con el público para exponer en particular su punto de vista acerca de la narrativa de este género.
Tokarczuk ha señalado que la experiencia europea se ha generado en las bibliotecas, en las historias documentales escritas por los individuos y lo que para ella supone uno de los descubrimientos más grandes del continente: los centros bibliotecarios abiertos a todos.
La escritora y ensayista ha reflexionado que literariamente tiene que mantener distancia con los acontecimientos «y estos tiempos que vivimos no nos dan esa oportunidad» y quizás por ello la literatura se dirige a la ciencia ficción y la novela negra y en ambos géneros «los autores tratamos de introducir mensajes importantes para la humanidad».
Como ejemplo ha rememorado que cuando escribió «Sobre los huesos de los muertos» tenía la impresión de que iba a escribir sobre cosas «poco confortables, poco populares», como es la actitud de la gente hacia los animales.
«Había buscado desesperadamente la forma de contar esa historia y al mismo tiempo también quería llegar a mucha gente, y entonces di con una idea muy lista -ha bromeado- la de utilizar una novela policíaca» para desarrollar los acontecimientos.
Pero también «he de confesar que escribir una novela negra es muy cómodo, es como preparar un bizcocho: tener los ingredientes, mezclarlos y meterlos en el horno», ha proseguido la escritora nacida en Sulechóv en 1962.
Y esos ingredientes en la novela negra son los de «tener un cadáver, un grupo de sospechosos y alguien que quiera descubrir la verdad» para luego jugar con todos ellos, ha continuado Tokarczuk, quien ha admitido ser «toda la vida» una fiel lectora de Agatha Christie y siempre ha admirado cómo la autora británica modificaba estas piezas a su gusto.
Fue Christie la que la inspiró, pero también Tokarczuk suma a su obra la naturaleza no como una confrontación con los humanos, sino como espacio que «forma nuestro cuerpo y nuestra manera de pensar».
Es un asunto en el que se enfoca actualmente la autora de «Los errantes», pues se ha dado cuenta «de algo extraño y la vez conmovedor: nuestros cuerpos están formados mayoritariamente por agua y por ello pertenecemos a los ríos, a los océanos, al mar», de tal manera que no cree que sea más relevante la definición por nacionalidades sino por esta circunstancia.
Así, ella se siente más modulada por la presencia del río Oder de la misma forma que los canarios que ha conocido durante su viaje a Tenerife tienen su identidad marcada por el océano, pues «nuestros cuerpos recuerdan de dónde provienen, de la interacción con el mar», algo que a su juicio deberían investigar los científicos.
Y precisamente de su estancia en Tenerife ha hablado específicamente de su visita a la Librería de Mujeres de la capital tinerfeña, donde encontró a unas seis mujeres sentadas discutiendo de literatura y, ha continuado la Premio Nobel, la pregunta es «¿por qué no hacerlas a ellas protagonistas de una novela?».
Hay una teoría antropológica según la cual las portadoras de la cultura son las mujeres viejas, las maduras, y por ello «intencionalmente» convirtió a una de ellas en la protagonista de «Sobre los huesos de los muertos», un personaje «intenso» no sólo para ella, pues desde que la novela comenzó a traducirse a otros idiomas recibe cartas de lectoras que se identifican con ese personaje.
«A mi, como mujer que está envejeciendo, me faltan visiones de mujeres fuertes, que influyan en la vida de otras personas», ha puntualizado.
Literariamente ha señalado que de adolescente, en los años 70 del siglo XX, leía «muchísimo» porque era «un descubrimiento», y sobre todo en aquella época era popular en Polonia la literatura latinoamericana por las «muchas similitudes» entre latinos y polacos: la religión, la procedencia rural y el pensamiento mitológico.
«Soy hija de Borges, Cortázar y Donoso, que trataban la literatura como un espacio de libertad», ha apostillado la autora de «Un lugar llamado antaño», pero también siente que pertenece a la escritura «oscura» de la Europa oriental, la de Franz Kafka y Bruno Schulz.
Y enlazando con su viaje a Canarias le ha interesado «muchísimo» conocer la historia de los guanches y de cómo arribaron a las islas, algo sobre lo que cree que deberían escribir los autores españoles y que sería ideal, ha apuntado, para una serie de televisión «de Netflix».
Pero sobre todo ha enfatizado que lo esencial para ella, como escritora, es hacer que la gente crea «que puede cambiar el mundo, que tiene la energía para cambiar algo». EFE