Guillermo Martínez |
Alcalá de Henares (EFE).- Alcalá de Henares tuvo un papel destacado en los hechos que recuerdan la celebración del Dos de Mayo porque el corregidor de la ciudad fue el primero, junto al alcalde de Móstoles, en dictar un bando que exhortaba a la población a luchar por el rey y la patria contra el invasor francés.
Además, unos días más tarde de aquel 2 de mayo de 1808 del municipio complutense partió el primer regimiento militar en levantarse contra las tropas napoleónicas, una vez que el 3 de mayo el bando firmado por Agustín de Quadros ya había llegado a los 25 pueblos que formaban la comarca.
“Invitaba a armarse a todos aquellos que estuvieran capacitados para ello para marchar a Madrid y defender la capital”, explica Vicente Sánchez Moltó, cronista oficial de Alcalá.

Sin embargo, en cuanto el gobernador de la zona tuvo noticia del bando, respondió al corregidor con un escrito en el que conminaba a la retirada del edicto por temor a las represalias de los franceses. “El 7 de mayo los pueblos de la zona recibieron las nuevas órdenes”, apunta el historiador.
No fue el único gran hito que tuvo lugar en la ciudad que vio nacer a Cervantes, que en 1808 acogía la Academia Militar de Ingenieros. El 23 de mayo de ese año tuvo lugar la conocida como Fuga de Zapadores, que se convirtió en la primera unidad del ejército español en levantarse contra los invasores.
Sánchez Moltó señala a EFE que los militares “salieron muy temprano por la mañana, se llevaron todo el dinero de la Academia y se dirigieron hacia Cuenca para luego ir a Valencia”.
Hambre tras la ocupación francesa
La llegada del ejército ocupante francés a Alcalá supuso el comienzo de un periodo cruento, marcado por el hambre y la miseria para su población. El cronista enfatiza que la ciudadanía pasó “unas penalidades tremendas” durante cinco años.
El último episodio de la Guerra de la Independencia en Alcalá se produjo el 22 de mayo de 1813 con la conocida como batalla del Zulema. En ella, los militares a las órdenes de Juan Martín Díez, conocido como El Empecinado, consiguieron derrotar a las tropas napoleónicas.

Sánchez Moltó define la hazaña como “una refriega en la que se produjeron algunos heridos y muertos”, tras la cual los franceses no volverían a pisar Alcalá de Henares.
El recuerdo de El Empecinado
La ciudadanía alcalaína se sentía en deuda con El Empecinado y, en 1816, solicitó a Fernando VII permiso para levantar un monolito en su recuerdo en el lugar donde tuvo lugar la batalla del Zulema. El monarca lo concedió. Sin embargo, El Empecinado tuvo que exiliarse en Portugal tras el derrocamiento de los liberales en 1823 y el retorno de Fernando VII al trono.
“Proclamaron una amnistía, pero le engañaron. En cuanto El Empecinado volvió a España, le detuvieron y le ejecutaron en Roa, un pueblo de Valladolid”, sostiene el cronista. Sucedió el 19 de agosto de 1825.
A pesar de tener el rango de mariscal y corresponderle una muerte por fusilamiento, la Corona eligió ahorcarlo, como si fuera un delincuente común. Además, expusieron sus restos a la vergüenza pública colgados en una especie de jaula. El retorno de los absolutistas al poder provocó la destrucción del monolito erigido en su honor, aunque su memoria persistió.

En 1879, con Esteban Azaña como alcalde, la ciudad encargó al escultor Carlo Nicoli —autor también de la estatua de Miguel de Cervantes situada en la plaza central del municipio— un nuevo busto del militar.
El primer trabajo del artista italiano no convenció a la ciudadanía, que consideró que la obra tenía tintes afrancesados. Nicoli realizó un segundo intento y, esta vez sí, el busto de El Empecinado fue instalado sobre una columna en el mismo emplazamiento que ocupa en la actualidad.
La ciudad también homenajeó al militar dando su nombre a una calle del centro de la localidad que se dirige hacia el Zulema. Además, uno de los medallones dedicados a personajes ilustres de Alcalá, en el salón de plenos del Ayuntamiento, está consagrado a su figura, concluye Sánchez Moltó.










