El artista Joan Fontcuberta, posa para Efe durante la inauguración de la exposición "Dioramas" en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira. EFE/ Pedro Puente Hoyos

Altamira prolonga su arte con los dioramas de Fontcuberta en una muestra de aniversario

Santillana del Mar (EFE).- Crear imágenes capaces de convertir la representación en una experiencia casi real es el nexo que une las pinturas prehistóricas de la cueva de Altamira con las fotografías de Joan Fontcuberta, pese a los más de 12.000 años que separan ambas manifestaciones artísticas.

Esa relación entre el primer gran arte de la humanidad y los mecanismos contemporáneos de construcción visual vertebra “Dioramas”, la exposición concebida por Fontcuberta (Barcelona, 1955) para conmemorar el 25 aniversario de la actual sede del Museo Nacional de Altamira.

Banner WhatsApp

a exposición recupera imágenes de dioramas tomadas por el artista durante décadas, pero incorpora también trabajos creados para Altamira y centrados en los modelos con los que la sociedad contemporánea ha imaginado y representado a los habitantes de la prehistoria.

El artista asegura, en una entrevista con EFE, que su muestra, integrada por una decena de imágenes, es “una prolongación” de la visita que el público hace a la neocueva, con composiciones tridimensionales utilizadas por los museos (dioramas) para representar episodios históricos o escenas de la naturaleza, que no documentan de forma directa un acontecimiento pero que sí lo reconstruyen y lo escenifican para hacerlo comprensible.

El diorama imita la escenas de Altamira

La neocueva reproduce la cueva original, el diorama imita una escena que ya no existe, y Fontcuberta fotografía esas reconstrucciones para convertirlas en nuevas imágenes dando como resultado réplicas de réplicas, simulacros de simulacros y ficciones superpuestas que buscan transmitir conocimiento.

“A mí me interesa esta idea de solapamiento de ficciones con fines pedagógicos”, afirma Fontcuberta, cuya trayectoria artística ha estado marcada por el cuestionamiento de la fotografía como supuesto testimonio objetivo de la realidad.

Fontcuberta recuerda la frase atribuida a Picasso y evocada también para Miró de que “después de Altamira todo es decadencia”, una idea que le ha servido para convertir algunos de los animales del techo policromado en protagonistas de un recorrido por la historia del arte.

Obras de la exposición «Dioramas» del artista Joan Fontcuberta, inaugurada este viernes, en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira en la localidad cántabra de Santillana del Mar.

Ciervos y bisontes son extraídos de la iconografía de la cueva y transformados de acuerdo con los distintos estilos pictóricos desarrollados a lo largo de los siglos.

Las figuras paleolíticas atraviesan así lenguajes y movimientos posteriores, como si aquellas siluetas trazadas sobre la roca hubiesen contenido, desde el principio, todas las posibilidades futuras de la pintura.

Pistoletazo de salida del arte prehistórico

Altamira representa para el artista “el pistoletazo de salida” de la expresión estética que continuó desarrollándose durante milenios.

Sin embargo, la conexión no se limita a una genealogía histórica pues asegura haber encontrado también un vínculo técnico entre los pintores paleolíticos, los dioramas y la imagen contemporánea, y la voluntad de producir una ilusión de realidad.

Según detalla, lo que más le interesa de las pinturas de Altamira es “esa casi obsesión por el mimetismo realista”, ya que los autores del techo polícromo representaron los animales con fidelidad morfológica, pero también aprovecharon los relieves de la roca para sugerir cuerpos, volúmenes y movimientos.

Para Fontcuberta, ese recurso demuestra que los artistas del Paleolítico superior poseían un dominio muy sofisticado de la representación.

A su juicio, la pared de la cueva no era un soporte pasivo, sino parte de la obra, ya que la superficie con protuberancias que permitían dotar de tridimensionalidad a los bisontes actúa del mismo modo que un diorama que combina figuras, objetos y fondos pintados para producir profundidad.

El artista asegura que al final del recorrido devuelve al visitante a la misma pregunta que acompaña a Altamira desde su descubrimiento: ¿Dónde termina la realidad y dónde comienza su representación?. EFE