Pekín (EFE).- El avance de las energías limpias y de la electrificación está reconfigurando el sistema energético de China, según informes de Ember y Greenpeace publicados este martes, y podría contribuir a que el consumo de combustibles fósiles alcance su pico, aunque existen retos de integración de la electricidad renovable.
Entre 2015 y 2023, el uso de combustibles fósiles en el consumo final de energía de edificios, transporte e industria en China se redujo un 1,7 %, mientras que el consumo eléctrico aumentó un 65 %.
«La transición energética de China ha entrado en un momento decisivo», afirmó Muyi Yang, investigador de Ember, una organización británica especializada en energía, quien agregó que «una transición genuina es posible», aunque advirtió que «se necesitan una planificación meticulosa, políticas sólidas y un compromiso sostenido».
La producción eólica y solar creció con fuerza: en la primera mitad de 2025 aumentaron un 16 % y un 43 %, respectivamente, respecto al mismo periodo del año anterior.
En los 12 meses previos a junio de 2025, la suma de eólica y solar superó por primera vez a la electricidad producida por hidroeléctrica, nuclear y bioenergía combinadas.
Ember vincula estos cambios a niveles récord de inversión y despliegue: en 2024, China destinó 625.000 millones de dólares, el 31 % del total mundial, a energías limpias.
Energías limpias
Entre 2021 y 2024, la potencia eólica y solar más que se duplicó hasta unos 1.400 gigavatios (GW) y la capacidad de baterías se triplicó hasta cerca de 95 GW.
La inversión en redes alcanzó 85.000 millones de dólares en 2024, lo que ha facilitado una mayor integración de las renovables.

La electricidad representó el 32,4 % del consumo final en 2023 y crece alrededor de un punto porcentual al año, siendo ya la mayor fuente de energía en edificios (39 %) y en la industria (31 %).
Por su parte, el informe de Greenpeace, una organización ambiental internacional, destaca que la capacidad combinada de eólica y solar alcanzó 1.670 GW en junio de 2025, superando la capacidad térmica de 1.470 GW.
Sin embargo, advierte que la integración de esta electricidad renovable aún presenta desafíos: la utilización de la energía eólica cayó al 93,2 % y la solar al 94 % en la primera mitad de 2025, y algunas provincias registraron precios cero o negativos en mercados spot.
Greenpeace también analiza escenarios de transición: una electrificación eficiente combinada con un rápido despliegue de energías no fósiles permitiría controlar el uso del carbón, mantener la seguridad del suministro y reducir emisiones de manera más sostenible.
Combustibles fósiles
Bajo estas proyecciones, la generación de carbón alcanzaría un pico en 2025, y las emisiones del sector eléctrico empezarían a descender gradualmente, con un objetivo de 57 % de generación no fósil en 2030, incluyendo un 35,8 % de eólica y solar.

En el plano económico, Ember calcula que en 2024 la inversión y la producción vinculadas a la energía limpia aportaron 13,6 billones de yuanes (1,9 billones de dólares) a la economía china, aproximadamente una décima parte del PIB, y que el sector crece a un ritmo tres veces superior al del conjunto de la segunda economía del mundo.
A escala internacional, Ember sostiene que la reducción del uso de combustibles fósiles prevista en China, combinada con la expansión global de tecnologías limpias favorecida por menores costes, «podría inclinar la balanza» hacia un declive estructural de la demanda mundial de carbón, petróleo y gas, siempre que esas tendencias se mantengan.
China, el mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, se fijó alcanzar el pico de sus emisiones de CO₂ antes de 2030 y la neutralidad de carbono antes de 2060.
También se comprometió a reducir sus emisiones de CO₂ por unidad de PIB en al menos un 60 % para 2030, en comparación con los niveles de 2005, según un plan climático presentado en 2021.