Personas buscan comida en barrios de la periferia de la ciudad de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni

El 83 % de los trabajadores argentinos sufre vulnerabilidad alimentaria en su día laboral

Buenos Aires (EFE).- Ocho de cada diez trabajadores en Argentina sufre algún tipo de vulnerabilidad durante la jornada laboral, ya sea por restringir la cantidad de comida o por resignar su calidad nutricional debido a motivos económicos.

Así lo revela un informe elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), en colaboración con la empresa Edenred y cuyos resultados se dieron a conocer este martes.

De acuerdo al informe, solo el 16,5 % de la fuerza laboral formal argentina está libre de privaciones de alimentos.

Personas buscan comida en barrios de la periferia de la ciudad de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni

El 83,5 % restante restringe la cantidad de comida o resigna su calidad nutricional durante su jornada de trabajo debido a motivos económicos.

Los trabajadores argentinos saltean comidas por falta de recursos

«Esta cifra pone de manifiesto que, para la mayoría de la fuerza laboral, los ingresos no logran cubrir los costos de alimentación durante la jornada, obligándolos a sacrificar su bienestar nutricional como mecanismo de ajuste frente al costo de vida actual», advierte Ianina Tuñón, investigadora responsable del informe.

De acuerdo al estudio, el 61,1 % de los asalariados admite haber tenido que saltarse alguna comida durante su jornada laboral por falta de recursos (un 46,7 % de forma ocasional y un 14,4 % de manera regular).

Personas buscan comida en barrios de la periferia de la ciudad de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni

El informe revela, además, que el 70,7 % de los trabajadores de 18 a 29 años omite comidas, un ajuste forzado por los salarios más bajos.

El 43,9 % de los trabajadores gasta entre 5.001 y 10.000 pesos (entre 3,5 y 7 dólares) al día para almorzar y un 20 % supera los 10.000 pesos diarios, lo que convierte la comida en un «coste operativo» que presiona sobre el salario real.