El Cairo, (EFE).- Los ataques de represalia de Irán contra diferentes instalaciones energéticas de Arabia Saudí han provocado una reducción de la capacidad de bombeo del reino árabe de unos 600.000 barriles diarios, informó este jueves una fuente del Ministerio de Energía a la agencia de noticias oficial saudí SPA.
Según la fuente, que no fue identificada, los ataques contra la planta de producción de Manifa provocaron una disminución de unos 300.000 barriles diarios, mientras que las acciones contra la planta de Khurais provocaron las mismas pérdidas, «reduciendo la capacidad total de producción del reino en 600.000 barriles diarios».
Asimismo, los ataques iraníes contra una estación del oleoducto Este-Oeste «provocaron una pérdida de aproximadamente 700.000 barriles diarios de volumen bombeado a través del oleoducto, que es la principal ruta de suministro a los mercados globales durante este período», añadió SPA.
Atacados varios objetivos claves
Entre las instalaciones afectadas se encuentran plantas de producción, transporte y refinación de petróleo y gas, así como centrales petroquímicas, el sector eléctrico en Riad, la Provincia Oriental y la Ciudad Industrial de Yanbu, a orillas del mar Rojo.
Los lanzamientos de misiles y drones de Irán, además, provocaron la muerte de un nacional saudí que trabajaba en seguridad industrial para la Compañía Energética Saudí, mientras que otros siete empleados resultaron heridos.
«Los ataques se extendieron a importantes refinerías, incluidas las de SATORP en Jubail, la refinería de Ras Tanura, la refinería de SAMREF en Yanbu y la refinería de Riad, impactando directamente las exportaciones de productos refinados a los mercados globales», indicó la fuente del Ministerio de Energía a SPA.
Además, «las plantas procesadoras en Juaymah también fueron blanco de incendios, afectando las exportaciones de gas licuado de petróleo y líquidos de gas natural».
«Escasez de suministro y ralentiza la recuperación»
El informante denunció que la persistencia de estos ataques «genera escasez de suministro y ralentiza la recuperación, afectando la seguridad del abastecimiento para los países dependientes y contribuyendo a una mayor volatilidad en los mercados petroleros», algo que «ha afectado negativamente a la economía global».









