El rey Felipe VI pronuncia el tradicional mensaje de Nochebuena. EFE/Ballesteros POOL

Felipe VI pide especial ejemplaridad en el desempeño de los poderes públicos

Madrid, (EFE).- Felipe VI ha pedido, en su discurso de Navidad, especial ejemplaridad en el desempeño del conjunto de los poderes públicos, así como diálogo y respeto a las opiniones ajenas, ante algunas «líneas rojas» que, ha dicho, no se deben cruzar.

El rey se ha referido en su discurso a la «inquietante» crisis de confianza que atraviesan las sociedades democráticas en un mundo convulso, donde el multilateralismo y el orden mundial están en crisis: «Y esta realidad afecta seriamente al ánimo de los ciudadanos y a la credibilidad de las instituciones».

«Los extremismos, los radicalismos y populismos se nutren de esta falta de confianza, de la desinformación, de las desigualdades, del desencanto con el presente y de las dudas sobre cómo abordar el futuro», ha recordado el jefe del Estado.

«Preservar la confianza en nuestra convivencia»

Por eso «nos corresponde a todos preservar la confianza en nuestra convivencia democrática», ha indicado el monarca, para quien no basta con recordar que los españoles ya conocemos un capítulo de la historia que tuvo «consecuencias funestas».

«Sin mirar a nadie, sin buscar responsabilidades ajenas: ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros para fortalecer esa convivencia? ¿Qué líneas rojas no debemos cruzar?», ha preguntado el rey, que ha hablado en primer lugar del diálogo: «Porque las soluciones a nuestros problemas requieren del concurso, la responsabilidad y el compromiso de todos».

Respeto en el lenguaje y de escucha de las opiniones ajenas

También ha destacado como una de estas líneas rojas el respeto en el lenguaje y de escucha de las opiniones ajenas: «Estoy hablando de especial ejemplaridad en el desempeño del conjunto de los poderes públicos; también de empatía; y de la necesidad de situar la dignidad del ser humano, sobre todo de los más vulnerables, en el centro de todo discurso y de toda política».

Porque, ha insistido, «en democracia, las ideas propias nunca pueden ser dogmas, ni las ajenas, amenazas; que avanzar consiste en dar pasos, con acuerdos y renuncias, pero en una misma dirección, no correr a costa de la caída del otro».

«España es, ante todo, un proyecto compartido: un modo de reunir —y de realizar— los intereses y aspiraciones individuales en torno a una misma noción del bien común», ha recalcado Felipe VI.