Pamplona (EFE).- Hace justo un año, la tarde del 13 de enero de 2025, una doble explosión de gas sacudió la calle Concejo de Zabalegui de Noáin (Navarra), dejó nueve personas heridas -dos de ellas en estado grave-, destruyó varias viviendas y obligó a desalojar a unas 250 personas.
Doce meses después, el estruendo ya no se oye, pero sus consecuencias siguen muy presentes: una docena de familias continúa sin poder regresar a sus casas y la investigación policial aún no ha arrojado respuestas claras sobre lo ocurrido.
Dos explosiones
Aquella tarde, una primera explosión, registrada en torno a las 15:35 horas, provocó el desalojo preventivo de parte de la urbanización. Sin embargo, cuando se permitió a algunos vecinos acceder a sus viviendas para recoger ropa y enseres básicos antes de pasar la noche fuera, una segunda y mucho más potente deflagración, sobre las 18:00 horas, destrozó dos viviendas y causó daños severos en varios bloques colindantes.
Restos del edificio volaron hasta la autovía cercana y aplastaron vehículos estacionados, en una escena que los vecinos calificaron entonces de “terrorífica”.

El balance humano fue grave: siete personas tuvieron que ser trasladadas al Hospital Universitario de Navarra, entre ellas un joven de 22 años y una menor de 13 ingresados en la UCI, y otras dos fueron atendidas en el centro de salud por ansiedad e inhalación de humo. La explosión se atribuyó a una fuga de gas, que obligó a cortar definitivamente el suministro y a precintar toda la zona.
Un año después…
Un año después, la vida ha vuelto en parte a la normalidad en Noáin, pero no para todos. De las 120 viviendas desalojadas inicialmente, alrededor de un centenar pudieron reocuparse en las semanas posteriores, una vez restablecidos los suministros de agua y electricidad. Sin embargo, los portales más cercanos al epicentro de la explosión sufrieron daños estructurales de tal magnitud que siguen vacíos.
En ellos, entre diez y doce viviendas deberán ser prácticamente reconstruidas, lo que mantiene a sus propietarios fuera de casa sin una fecha clara de regreso. Mientras tanto, la vida de los afectados se ha desarrollado entre hoteles, casas de familiares y pisos de alquiler.

Un año sin respuestas
A esa incertidumbre habitacional se suma la falta de respuestas sobre las causas exactas del siniestro. La investigación conjunta de la Policía Foral y la Guardia Civil continúa abierta y, hasta ahora, no se han hecho públicas conclusiones definitivas.
La entonces consejera de Interior, Amparo López, explicó en su momento que la empresa suministradora había comunicado a los servicios de emergencia que no existía riesgo de emisión de gas, lo que llevó a permitir el acceso puntual de los vecinos a las viviendas. Sin embargo, la segunda explosión cuestionó esa valoración inicial y abrió un proceso investigador que, un año después, sigue sin resolverse.
Esto provoca que, aunque los coches, las viviendas o cualquier cosa que se haya perdido por la explosión estuviera asegurada, los seguros están reclamando que exista un responsable de la explosión para que los propietarios puedan cobrar el valor de lo perdido. Al no estar la investigación resuelta, muchos afectados no han cobrado todavía.
La explosión de Noáin dejó, además de heridas físicas y materiales, una huella emocional profunda en el municipio. Muchos vecinos siguen recordando dónde estaban cuando escucharon el estruendo que se oyó en todo el pueblo.
Doce meses después, mientras las obras avanzan lentamente y la investigación sigue su curso, Noáin continúa esperando respuestas y el regreso definitivo de quienes aún no han podido volver a casa.