Madrid (EFE).- Las disputas internas apaciguadas una y otra vez por la dirección nacional de Vox con el respaldo inequívoco de la mayoría de la militancia han comenzado a emerger con fuerza tras el conflicto abierto entre Santiago Abascal y Javier Ortega Smith.
Quienes fueran inseparables en los inicios del partido se han embarcado en una guerra cainita justo en el mejor momento electoral de Vox, refrendado en las urnas en Extremadura, Aragón y Castilla y León, con subidas continuadas hasta rozar en la última comunidad el apoyo del 19 % de los votantes, el más alto de su trayectoria.
Abascal como presidente trata de mantener su control absoluto y Ortega Smith intenta cambiar el rumbo antidemocrático hacia el que, según denuncia, ha virado la formación.
Despojado de prácticamente todos sus cargos públicos – solo mantiene los de diputado nacional y concejal en Madrid, que no dependen del partido-, el que fuera secretario general hasta 2022 se ha lanzado contra la cúpula.
No se amilana y a su grito rebelde se han sumado otros antiguos dirigentes que, encabezados por Iván Espinosa de los Monteros, otro de los rostros visibles de Vox en sus orígenes y una de sus voces más autorizadas, se están organizando para dar la batalla.
Ya han exigido a través de un manifiesto la convocatoria de un congreso extraordinario, una demanda que la dirección del partido rechaza y enmarca en una pelea de gallos despechados alentados desde la calle Génova en una estrategia del PP para desestabilizar a Vox.
Extremo este último que ha negado con rotundidad el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo: «No solamente no es justo, es que es falso», ha asegurado.
Pero ¿cómo ha llegado Vox a esta situación?
Los «díscolos», como ya los llaman en la calle madrileña de Bambú, la sede nacional, denuncian que el partido se ha convertido en una estructura piramidal cada vez más cerrada con Abascal en la cúspide y como marca exclusiva de Vox.
A su alrededor, asesores sin cargo público movidos exclusivamente por intereses económicos, como Gabriel Ariza o Kiko Méndez Monasterio, y órganos ejecutivos para dar apariencia de democracia interna, señalan.
Como brazo ejecutor de los críticos, apuntan a Ignacio Garriga, el sustituto de Ortega Smith al frente de la Secretaría General y quien se ha encargado de impulsar su expediente de expulsión del partido tras un intercambio de duras misivas entre ambos cargadas de reproches.

Antes de Ortega Smith ya fueron alejados de Bambú una larga lista de antiguos altos cargos del partido como Iván Espinosa, Víctor González Coello de Portugal, Mazaly Aguilar, Rubén Manso, Rocío Monasterio, Víctor Sánchez del Real o Juan García-Gallardo, así como otros mandos en provincias.
Entre los motivos: no haber cumplido los estatutos, no aceptar las decisiones del Comité Ejecutivo Nacional, máximo órgano de dirección, o manifestar sus discrepancias en público -normalmente en las redes sociales, uno de los instrumentos más utilizados por Vox y sus afines-, en lugar de en las estructuras internas.
Si bien la cúpula ha ido imponiéndose a todos ellos sin gran contestación de cargos, afiliados y simpatizantes, está por ver cómo termina la sublevación liderada por Iván Espinosa y Ortega Smith, dada su relevancia.
Ambos siguen siendo militantes: el primero dejó sus cargos pero nunca se dio de baja del partido y el segundo ha recurrido su expulsión, por lo que aún no es definitiva, y los dos se han unido para, dicen, recuperar el proyecto con el que se fundó Vox.
Abascal no responde
Abascal no ha respondido directamente ni en privado ni en los medios de comunicación ni en las redes a su demanda de un congreso extraordinario.
Su única declaración pública desde que se dio a conocer el manifiesto de los críticos la ha hecho este jueves a un medio de comunicación a la salida del cine tras ver «Torrente presidente» acompañado por el vicesecretario de Comunicación de Vox, Manuel Mariscal; el director de Comunicación, Álvaro Zancajo, y su jefe de gabinete, Ángel López Maraver, además de sus guardaespaldas.
«Hace falta estos días reírse y lo hemos hecho», dijo, un comentario que ha reiterado en las redes, donde ha escrito : «Pues sí, conviene reírse de vez en cuando y, sobre todo, siempre es bueno saber reírse de uno mismo».
Solo él y los suyos saben la intención cierta de estas palabras.