Imagen del acto en el Juan Antonio Morquecho pasa a se nombrado diácono permanente en presencia del arzobispo de Mérida-Badajoz, José Rodríguez Carballo. Foto Arzobispado

Casado y con un hijo, primer diácono permanente de la Arhidiócesis de Mérida-Badajoz

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Mérida (EFE).- Juan Antonio Morquecho, un almendralejense de 55 años, casado y con un hijo, se convertirá este sábado en el primer diácono permanente de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Este hecho se ha calificado de «histórico» y se ha celebrado en la Catedral Metropolitana de Badajoz.
La eucarística ha estado presidida por el arzobispo, José Rodríguez Carballo, y concelebrada por Amadeo Rodríguez Magro, obispo emérito de Jaén. Además, sesenta sacerdotes llegados de toda la Archidiócesis participaron.

Nuevo capítulo en la archidiócesis, según el arzobispo

En su homilía, Rodríguez Carballo ha destacado que con esta ordenación se abre un nuevo capítulo en la archidiócesis. Le pidió al ordenando que sea un «verdadero servidor» porque con este sacramento la Iglesia le confía el ejercicio del servicio.
«Ponte siempre en la dirección de Jesús, que siendo el maestro lavó los pies a sus discípulos», y le recordó que el único poder en la Iglesia es el servicio.
El diaconado es el primer grado en el orden ministerial (diácono, sacerdote y obispo) y normalmente es recibido por personas como paso previo al sacerdocio. Sin embargo, en el caso del diaconado permanente, el sacramento puede ser recibido por célibes o casados, como es este caso, según ha informado el Arzobispado.

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El diaconado es el primer grado en el orden ministerial

Las funciones del diácono se mueven en el campos del servicio de la Palabra, la caridad y la liturgia.
Entre estas últimas están asistir durante las funciones litúrgicas al obispo y a los sacerdotes, administrar solemnemente el bautismo, ser ministro ordinario de la comunión, y presidir la celebración del matrimonio. Además, pueden administrar sacramentales, presidir los ritos fúnebres y sepulcrales, dirigir la celebración, incluso pueden pronunciar la homilía, y presidir otros oficios del culto y oraciones.
También están entre sus funciones las de servicio a los más necesitados y presencia pública de la Iglesia en la sociedad por medio de sus trabajos. Esto se debe a que los diáconos permanentes pueden desarrollar cualquier actividad profesional que no sea contradictoria con el ministerio del diaconado y que pueda conjugarse con el ejercicio de su ministerio.

Pueden ser diáconos hombres célibes, casados o viudos de menos de 60 años

Pueden ser admitidos al diaconado permanente hombres célibes, casados o viudos hasta una edad máxima de 60 años.
Los célibes adquieren compromiso de celibato perpetuo y deberán haber cumplido 25 años para acceder a la ordenación diaconal. Por otro lado, los hombres casados tienen que haber cumplido 35 años para ser ordenados.
En estos casos se requiere del consentimiento de la esposa y de los hijos si son mayores. Además, es necesario que la esposa cuente con las virtudes necesarias para colaborar en el servicio ministerial de su esposo.
Es preciso, además, una estabilidad en la familia y por ello un tiempo de vida conyugal de cinco años al menos.
En el caso de los hombres viudos que reciban la ordenación diaconal quedan inhabilitados para contraer matrimonio de nuevo. Esta condición también es válida para los diáconos que una vez ordenados queden viudos.

Deben tener formación humana, espiritual e intelectual

Los candidatos viudos deben haber provisto o demostrar estar en condiciones de proveer adecuadamente el cuidado humano y cristiano de sus hijos.
Los candidatos deben tener formación humana, espiritual e intelectual y, con su admisión por parte del obispo, inician un período de discernimiento, que tendrá una duración de un año. En ese tiempo se deberá iniciar a los aspirantes en un más profundo conocimiento de la teología, de la espiritualidad y del ministerio diaconal. Además, se les invitará a un discernimiento más atento de su llamada, ayudados en todo momento por la comisión diocesana”.