El buque escuela argentino pisa Cádiz por cuarta vez en su historia

Cádiz, 23 ago (EFE).- Tras recorrer América y varios puertos de Europa, la fragata ARA Libertad, buque escuela de la Armada Argentina, ha llegado al puerto de Cádiz, el único que toca de España y el último de Europa, antes de zarpar de regreso a Buenos Aires para poner fin a su 50 crucero de instrucción, que comenzó el 30 de abril, y en lo que es la cuarta vez en la historia de este barco que recala en el puerto gaditano.

Amarrada “de prestado” donde suele atracar en Cádiz el buque escuela Elcano, esta fragata hace escala en la ciudad por cuarta vez en sus 59 años de historia, lo hizo en 2012, 2018 y 2019, como recuerda a EFE desde la cubierta del barco el teniente de Fragata Juan Cruz Argüello.

La fragata Libertad es considerada “un símbolo” de la identidad argentina y “pieza fundamental” en la enseñanza de sus cadetes, además de ser “una embajada flotante que cumple su función diplomática en los distintos puertos en los que va recalando”, señala el teniente Argüello, un rol diplomático que su tripulación asume con responsabilidad y honor.

Esta travesía busca también que los guardiamarinas “entiendan la esencia de la navegación de los primeros grandes veleros que surcaban los mares”.

Por eso para él el corazón de este gran buque -de 100 metros de eslora y 14 de manga- son sus 27 velas, aunque sostiene que “en este barco todo es esencial”, incluyendo la comida. “Si uno come bien, está de buen humor y entonces se navega mejor”, concede.

El buque tiene una dotación de 27 jefes y oficiales, 192 tripulantes y 93 guardiamarinas, uno de ellos es Agustín Bazán, quien reconoce que la travesía es “larga” pero le está permitiendo conocer otras culturas y aprender de ellas.

“Se hace largo y se echa de menos a la familia pero participar en la misión diplomática de mi país es una experiencia única”, resume el guardiamarina Bazán, quien considera «muy culturizador» el poder contrastar la vida y cultura de otros países con la que tienen en casa.

Cuenta con sorpresa que al bajar del barco y pasear por las calles de Cádiz descubrió que el edificio del Ayuntamiento de la ciudad es “muy similar” al de su localidad natal, Río Cuarto, en la provincia argentina de Córdoba.

“Llamé a mis padres y les dije que no sabía si estaba en Cádiz o en Río Cuarto”, bromea ante la coincidencia y las señales que unen la “tacita de plata” con el país argentino.

Este crucero supone para él un “viaje de despedida” de su promoción tras cinco años de formación. Al llegar a Buenos Aires él y sus compañeros se dirigirán a unidades distintas para especializarse.

Bazán quiere ser piloto de helicóptero. Ha solicitado hacer el curso de aviación naval, un cambio del mar al aire que no le asusta en absoluto. “En la marina argentina se dice que los aviadores navales son marinos que vuelan. Primero tienes que aprender a ser marino y después aprender a volar”, defiende.

TESOROS A BORDO DE LA «LIBERTAD»

Entre los tesoros que guarda esta fragata en su interior están las réplicas de las espadas de Simón Bolívar y el General Manuel Belgrano y un cronómetro de José Rodríguez Losada, el ilustre relojero creador del reloj de la Puerta del Sol de Madrid, que perteneció a la fragata Sarmiento y que fue entregada a este buque en su primer crucero de instrucción en 1963 como “símbolo de la continuidad para la formación de los oficiales de la Armada argentina”.

Esta no es la única relación que este buque parece tener con España, ya que su mascarón de proa es obra del escultor gallego Carlos García González, quien hizo un boceto inspirándose en su esposa Úrsula y la convirtió en la diosa Niké (Victoria en griego) para simbolizar la República Argentina y su sentimiento arraigado de libertad.

“Cariñosamente la llamamos ‘la Viki’ y la cuidamos mucho porque es la cara de nuestro barco”, cuenta el teniente Argüello sobre este mascarón que es lo primero que suelen ver quienes visitan el buque cuando echa el ancla en los distintos puertos que toca.

Cádiz ha servido durante tres días de amarre para esta fragata considerada “embajadora flotante” de Argentina y que este martes por la tarde emprende el camino de vuelta. Antes han tenido tiempo de visitar el Panteón de los Marinos Ilustres de San Fernando, entregar una ofrenda floral en el monumento al General José de San Martín (Cádiz) y conocer la Base Naval de Rota.

Durante su itinerario, ha visitado once puertos extranjeros, seis de América y cinco de Europa, uno de ellos Cádiz, ya solo le queda Salvador de Bahía (Brasil) antes de regresar a Buenos Aires el 25 de septiembre.