Caminomorisco (Cáceres) (EFE).- Los apicultores extremeños afrontan este año una de las campañas «más difíciles» de las últimas décadas, con una drástica caída de la producción, un aumento de la mortalidad de las colmenas y una presión creciente de la miel importada.
Muchos de estos profesionales se han dado cita este fin de semana en localidad cacereña de Caminomorisco para participar en la undécima edición de la Feria Internacional de Apicultura y Turismo de Las Hurdes.
Este certamen ha reunido a más de setenta expositores de nueve países, lo que le convierte en una cita de referencia en el panorama nacional e internacional del sector apícola.
A pesar del ambiente festivo, los apicultores no han ocultado su preocupación por el presente y el futuro de un sector que, en la comarca cacereña de Las Hurdes, supone uno de sus principales motores de desarrollo.
Problemas de sanidad animal y competencia desleal
Paulino Marcos, presidente de la Asociación Cacereña de Apicultores, que gestiona 350 explotaciones y 250.000 colmenas, ha asegurado a Efe que la situación del sector «ha ido a peor» respecto al pasado año.
«La varroa se ha incrementado y el precio de la miel ha descendido. Seguimos sin una nueva molécula eficaz para combatir la plaga y cada vez nos cuesta más mantener vivas las colmenas», ha señalado.
Marcos ha denunciado además la entrada de miel procedente de terceros países, principalmente China, que «se triangula a través de Ucrania o Portugal y llega a los mercados europeos como si fuera miel comunitaria».
«Pedimos investigación para la varroa y controles o aranceles para la miel importada. No puede ser que el sector español esté siendo perjudicado sin que nadie ponga una solución», ha subrayado.
Marcos ha reclamado también un refuerzo de las ayudas de la Política Agraria Común (PAC), ante los recortes previstos para 2027, que, ha dicho, «amenazan con dejar al sector sin relevo generacional».
«Hace unos años incorporábamos entre quince y veinte jóvenes al año; ahora apenas dos o tres. El futuro está negro», ha lamentado.
Falta de rentabilidad y de relevo generacional
En la misma línea, el presidente de la cooperativa Sierramiel, Primitivo Pino, dedicada a la venta de miel, polen y cera de abeja y que reúne a 92 socios y 45.000 colmenas, ha calificado el último ejercicio como «catastrófico», con una pérdida de producción cercana al 70 % debido a la combinación de una primavera excesivamente lluviosa y un verano de temperaturas extremas.
«Estamos viendo colmenares con mortalidades del 50 o 60 %, lo que hace inviable continuar. Producir un kilo de miel nos cuesta entre 3,65 y 3,70 euros, mientras que están entrando mieles de otros países por debajo de los dos euros», ha explicado.
Pino ha advertido de que, si no hay una apuesta decidida de las administraciones, «la apicultura se reducirá un 80 % en una década».
«O las ayudas llegan directamente al bolsillo del apicultor o el sector desaparecerá. Los jóvenes no se incorporan porque no les cuadran los números, y los mayores ya estamos de salida», ha afirmado.