Alberto Santacruz |
Mérida (EFE).- Con un Ejecutivo en funciones desde hace ya dos meses, la ciudadanía extremeña sigue esperando alguna luz en el túnel hacia la gobernabilidad de esta legislatura, por el que transitan tanto PP como Vox con pequeñas linternas, móviles con poca cobertura y zapatillas de ‘estar por casa’, cada uno en la suya.
Los sesenta días que han transcurrido desde aquel 21 de diciembre, cuyas urnas no otorgaron al PP su ansiada mayoría absoluta y dieron alas a Vox, sólo han servido para quitar hojas a un calendario de pared, en el sobresale la fecha tope del 3 de marzo para el primer debate de investidura de la popular María Guardiola.
Si Vox no le da su apoyo -el PSOE ya ha anunciado que no se abstendrá y los de Abascal tampoco-, la presidenta extremeña seguirá en funciones, al menos 48 horas más, las que concede el reglamento de la Asamblea para la celebración de un segundo intento en el que, si bien ya vale la mayoría simple, Vox sigue siendo determinante.
De momento, ambas formaciones políticas caminan por el túnel hacia la gobernabilidad con más reproches que manos tendidas y con pasos a ritmos distintos. Del contenido de sus respectivas mochilas poco ha trascendido: Vox exige dirigir algunas consejerías y marcar sus presupuestos y el PP no quiere «trasvestirse» de los de Santiago Abascal y remarca que logró el 43 % de los votos.
Pocas llamadas y mensajes en ‘spam’
Las llamadas telefónicas entre ambas formaciones no llegan a las diez y algunos de los mensajes cruzados por correo electrónico han terminado en la bandeja de ‘spam’, como reconocieron desde Vox. Sin embargo, los reproches a través de las redes sociales y en declaraciones a la prensa son prolíficos.
El secretario general del PP extremeño, Abel Bautista, no hace mucho tildó a los de Abascal de «matones de clase», «mentirosos» y de «adolescentes políticos».
A pesar de ello, Guardiola considera que el acuerdo con Vox es «factible» siempre que haya «voluntad, como sí tiene el PP». A juicio de la presidenta en funciones, «hay muchas más cosas que nos unen -con Vox- de las que nos separan».
Desde Vox, su líder en Extremadura, Óscar Fernández Calle, ha reiterado que la actitud de Guardiola tiene tintes de «soberbia» y la ha acusado de «incumplir» el acuerdo que alcanzaron ambas formaciones en 2023. «No nos volverá a engañar ni una vez más», afirmó hace unos días.
Sin cruzar linternas al inicio del túnel
En los primeros pasos por el citado túnel las dos formaciones no cruzaron sus linternas. El PP accedió a la Presidencia de la Asamblea sin acordar nada con Vox y logró uno de los dos senadores autonómicos -el otro fue para el PSOE- cuando hace dos años cedió a Vox esta posibilidad.
Aunque el calendario de escasos diálogos es extremeño, algunas de las fotos que le han acompañado son de Aragón, que celebró elecciones anticipadas el 8 de febrero, y de Castilla y León, donde están previstas el próximo 15 de marzo.
Tanto PP como Vox, muy especialmente desde sus respectivas direcciones nacionales, han seguido muy de cerca los resultados aragoneses -los populares tampoco han logrado la mayoría absoluta y Vox ha aumentado su representación- y están pendientes de lo que pueda ocurrir en tierras castellano-leonesas.
Desde ambas formaciones sostienen que no pueden imponer o ceder argumentarios y posiciones políticas en Extremadura radicalmente distintas a lo que pueda darse en las otras dos comunidades autónomas, pero ofrecen matices.
El factor extremeño
En este sentido, el portavoz de Vox, José Antonio Fúster, ha negado este semana que las negociaciones en Extremadura vayan parejas a las de Aragón o a las elecciones en Castilla y León. «Son independientes, no jugamos a la táctica (…) vamos territorio a territorio», ha afirmado.
Es más, su secretario general, Ignacio Garriga, ha admitido que pueden darse resultados diferentes en las negociaciones con el PP para entrar en los gobiernos autonómicos «porque hay diferentes PP».
La cuestión es que ya son 60 días, tanto para Extremadura como para las direcciones nacionales de ambos partidos, que cruzan llamadas al diálogo con poca cobertura, y con la senda alternativa de unas nuevas elecciones que ningún partido ha descartado de forma rotunda.