Ana Picón |
Villafranca de los Barros (Badajoz) (EFE).- Los campos de viñedos y olivares de la comarca de Tierra de Barros (Badajoz) se han convertido en el escenario de las bailarinas Cristina Khai y Gracia Ferrís para la culminación de su pieza de danza contemporánea ‘Lo que no crece en el suelo’, una reflexión sobre la pérdida de identidad del mundo rural.
“Trabajamos desde la idea de cómo ha ido evolucionando nuestra relación con la tierra, ahora los campos están llenos de grandes extensiones, monocultivos, donde todo se manufactura y sobreproduce”, explica Cristina Khai en una entrevista con EFE, bailarina natural de Plasencia.
Las dos artistas vienen “de entornos rurales, con una relación muy arraigada a la agricultura, y desde ahí nace la pieza”, con la que a través del cuerpo y el movimiento reivindican que “no perdamos nuestra identidad y nuestras formas de relacionarnos con la tierra, que son importantes como idea de pertenencia”.
Durante la residencia artística desarrollada esta semana en Villafranca de los Barros, han culminado su proyecto y han trabajado con diferentes colectivos con el objetivo de integrar sus miradas en la muestra final y abrir un diálogo entre cuerpo y territorio.
“Queríamos que nos mostraran su gestualidad, cómo se mueve su cuerpo en las labores cotidianas. Ellos también son artistas en su manera de trabajar la tierra”, subraya Ferrís, de la Sierra del Segura (Albacete).
El efecto Tiktok
Entre los participantes de los talleres desarrollados han predominado los jóvenes, ya que “si acercamos el arte desde la educación, después las personas acuden a él con más naturalidad, igual que quien nace en un entorno rural acude al campo porque lo ha vivido desde pequeña”, defienden.
En un momento en el que “estamos sobreestimuladas” con vídeos de 30 segundos y coreografías virales en internet, crear una pieza de baile con discurso y de unos 25 minutos a la que prestar atención “es casi un gesto rebelde”, comenta Khai.
En este sentido, Ferrís defiende que las redes sociales han contribuido a democratizar el baile y que “es positivo que todo el mundo pueda expresarse a través del cuerpo”, pero advierte que a veces se aprende de una forma en la que hay que copiar y eso puede limitar la creatividad. “La danza no es solo lo que vemos en una pantalla, es infinita”, expresa.
Un sector precario
Más allá del proceso creativo, ambas reconocen la fragilidad del sector, y que “la danza es precaria y carece de apoyos suficientes”, por lo que las dos compaginan la creación artística otros trabajos.

Además, Khai destaca la falta de oportunidades en Extremadura, donde los bailarines se ven obligados a salir fuera para formarse y desarrollarse.
Para revertir esta situación está gestando, con otras profesionales del sector como Irene Naranjo, la creación de la Asociación Profesional de Danza de Extremadura, con la intención de reclamar infraestructuras, ayudas y mayor visibilidad para el sector.
Bailando en plata
Khai y Ferrís han sido las protagonistas de la primera residencia de la cuarta edición del proyecto ‘Bailando en plata’, que se desarrolla entre febrero y mayo de 2026 en distintos municipios de Extremadura y Andalucía.
Impulsado por la Asociación Andaluza de Compañías y Profesionales de la Danza (PAD), en coordinación con Trans-Forma Producción Cultural y con el apoyo del Ministerio de Cultura, apuesta por las residencias artísticas como modelo sostenible de creación y por el acercamiento de la danza contemporánea al medio rural.
Tras su paso por Villafranca, ‘Lo que no crece en el suelo’ continuará su recorrido por espacios culturales y festivales donde ya han mostrado fases previas del proceso, como Valencia, Madrid y Castellón, pero en Extremadura dejan una imagen poderosa: dos cuerpos que, entre olivos y viñas, que recuerdan que la tierra no solo produce alimentos, sino también memoria, identidad y movimiento. EFE