Almendralejo (Badajoz), 29 sep (EFE).- Emocionada, reivindicativa y con un mensaje de advertencia sobre la consecuencias del cambio climático se ha mostrado y expresado la naturalista y divulgadora Odile Rodríguez de la Fuente al liberar este martes un águila imperial ibérica recuperada que lleva el nombre de su padre, Félix.
«Es impresionante… una maravilla; por favor, que mi padre, desde donde esté, ayude a este águila a tener una larga y próspera vida”, ha manifestado muy emocionada tras soltar el ave desde un paraje en altura del Valle de Matachel, en la provincia de Badajoz.
Félix ha vuelto a la naturaleza en la misma zona donde fue rescatado a principios del mes de julio al borde de la muerte, después de abandonar prematuramente el nido debido al estrés térmico provocado por las altas temperaturas.
De hecho, la liberación de este ejemplar de águila imperial ibérica, cuya recuperación ha sido posible gracias al trabajo realizado por los profesionales del Hospital de Fauna de la asociación Acción por el Mundo Salvaje (AMUS), en Villafranca de los Barros (Badajoz), se enmarca en una campaña de sensibilización sobre los efectos del cambio climático en la fauna.
Siete ejemplares rescatados este verano
AMUS ha rescatado este verano un total de siete pollos de águila imperial que, según ha explicado su presidente, Álvaro Guerrero, “se lanzaron al vacío” por el calor ya que sus nidos permanecen expuestos al sol durante todo el día.
Si no son localizados a tiempo, estos ejemplares pueden morir por las condiciones del terreno o ser depredados por perros, zorros o jabalíes, además de correr el riesgo de que sus progenitores dejen de alimentarlos al encontrarlos fuera del nido.
El proceso de recuperación dura aproximadamente dos meses y no se limita al desarrollo físico del animal, “sino que también es un desarrollo psicológico”, por lo que sufren al ser separados de sus padres, ha explicado Guerrero.
AMUS utiliza como tutores a ejemplares adultos irrecuperables de la misma especie, que ayudan a los jóvenes a desarrollar comportamientos propios de las águilas y a mantenerse alejados del ser humano.
Una vez liberados, llevan emisores GPS que permiten conocer sus movimientos y detectar las amenazas a las que se enfrentan.
Un símbolo de esperanza
Odile Rodríguez de la Fuente ha bautizado a este águila en homenaje a su padre porque, como él, “representa esa esperanza” en el ser humano y porque “hay personas con sensibilidad, que tienen una profunda empatía por todas las formas de vida”.
La divulgadora ha advertido de que las medidas frente al cambio climático deben adoptarse a tiempo y ha incidido en que sus consecuencias no afectarán únicamente a otras especies, sino también a las personas, especialmente a aquellas que menos han contribuido al calentamiento global.
Para Rodríguez de la Fuente, lo que más vértigo produce es “la falta de reacción a tiempo, el no escuchar lo que nos está diciendo la ciencia”, en un contexto en el que “estamos en un momento muy crítico para nuestra especie y las diferentes formas de vida que nos acompañan en este planeta”.
«Estamos completamente desnaturalizados y deshumanizados”, ha lamentado, si bien no ha ocultado su lado más optimista, como así lo refleja el equipo de AMUS.
“Soy optimista por ocasiones como esta, porque veo que al final hay personas con sensibilidad, que tienen una profunda empatía por todas las formas de vida”, ha declarado.
Un planeta irrepetible
La liberación de Félix se enmarca en la campaña ‘Planeta I: irrepetible’, impulsada por AMUS para llamar la atención sobre las consecuencias que el cambio climático está teniendo sobre la fauna.
Rodríguez de la Fuente ha sido la primera de las personalidades que participarán en esta iniciativa, que contará también con representantes de ámbitos como la música, la poesía, el periodismo, la literatura, la comunicación y la divulgación ambiental.
La campaña pretende visibilizar situaciones cada vez más frecuentes como el abandono prematuro de nidos de águilas o buitres negros, la muerte de jóvenes aguiluchos sobre cultivos que alcanzan temperaturas superiores a los 45 grados o la caída al suelo de vencejos y cernícalos cuando el interior de sus nidos se convierte en una “trampa térmica”.
Esta campaña, desarrollada con la financiación del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), pone el foco especialmente en las grandes rapaces, consideradas especies especialmente expuestas a las consecuencias del calentamiento.








