Paula Fernández |
Antas de Ulla (Lugo) (EFE).- Hace 30 años, Nuria Varela-Portas y su familia tuvieron una idea pionera que cambió el mercado: llevar el huevo campero a los lineales de tiendas y supermercados. Ahora ese proyecto, Pazo de Vilane, cumple tres décadas afianzado como un caso de éxito de apuesta por el rural.
«Nosotros empezamos prácticamente solos a producir huevos camperos y ahora mismo todo el sector lo está haciendo», cuenta Varela-Portas en una entrevista con EFE desde el pazo familiar donde empezó todo en 1996, en Antas de Ulla (Lugo).
Tras años viviendo en Madrid, Varela-Portas y sus padres decidieron volver a sus raíces y recuperar un antiguo pazo abandonado que había pertenecido a su familia durante 12 generaciones para desarrollar un proyecto empresarial.
¿Por qué el huevo campero, que en aquel entonces ni siquiera tenía esa denominación? «Nos motivaba la idea de hacer un proyecto distinto y diferente. En aquel momento donde todos los huevos eran de jaula, sacar las gallinas al campo y vender esos huevos nos pareció interesante», explica.

El huevo «casero», como se conocía en esa zona al que producía quien tenía un puñado de gallinas en casa y vendía a sus conocidos o en ferias locales, era muy valorado y demandado, pero no estaba en las tiendas.
Allí lo llevó Pazo de Vilane y hoy el mercado del huevo no se imagina sin el campero: representa el 10 % del censo de gallinas en España y en los últimos 15 años se ha multiplicado por cuatro, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
Modelo a pequeña escala
Para obtener huevo campero, las gallinas deben criarse en libertad con un espacio mínimo de 4 metros cuadrados por ave.
Pazo de Vilane decidió además diferenciarse con un modelo de trabajo «que nada tiene que ver con la industria avícola», asegura su fundadora.
En estos 30 años han pasado de 50 gallinas a más de 250.000 pero su filosofía sigue basada en granjas pequeñas, de entre 7 y 15.000 aves, lejos de las 100.000 que alcanzan algunas de la industria.
Tienen cinco granjas propias y trabajan con otros 12 granjeros que siguen sus protocolos, como una alimentación de alta exigencia diseñada por ellos con niveles elevados de energía y proteína de calidad, sin subproductos; el uso mínimo de medicación, y normas específicas de manejo, bioseguridad y tratamiento de residuos.
«El modelo de crecimiento iba a ser muchísimo más interesante e iba a responder mucho más a nuestro propósito de repartir rentas en el territorio si colaborábamos con otras personas que tenían fincas y estaban dispuestas a seguir nuestro modelo de trabajo y de producción», explica Varela-Portas.
El bienestar animal es otro de sus estandartes: «Para tener buenos alimentos y buenos productos tienen que venir de animales sanos y que están en buenas condiciones», defiende, y considera que es una tendencia que va a seguir creciendo, cada vez más apoyada por estudios científicos.
Pazo de Vilane siempre estuvo muy ligada a la tradición, pero ahora también se relaciona «con salud y comunidad», otras dos tendencias en alza que además permiten poner la mirada en el rural, señala Varela-Portas.
Oportunidades en el rural
La empresaria cree que ahora hay más oportunidades en el rural que cuando ella empezó porque «se ha cortado un poco la distancia entre la ciudad y el campo»: «cuando arranqué no había Internet, redes sociales, IA, herramientas que ahora mismo un emprendedor puede utilizar para su beneficio».
Y aunque se considera un caso de éxito, admite que los inicios no fueron fáciles.
«Nos dedicábamos a vender a puerta fría. Yo salía de Vilane con unos huevitos y me iba a las tiendas de A Coruña, Lugo, Vigo, Santiago…», recuerda.

Al principio vendían alguna caja en tiendas pequeñas, pero el gran cambio llegó en 1998, cuando se le ocurrió ir a El Corte Inglés de A Coruña, que les compró la idea.
Poco después lo llevaron también al de Vigo y, cuando el grupo decidió abrir en Santiago, directamente les dieron de alta sin pedirlo, dado lo bien que estaba funcionando.
Actualmente están en más 2.500 puntos de venta por toda España y su modelo de crecimiento lento no les permite pensar ahora en salir al extranjero, aunque si en algún momento lo hacen será para «un pequeño mercado en Portugal o Francia».