Palma (EFE). Un perito forense ha concluido este martes en la Audiencia de Palma que la bebé hallada en un contenedor de Porto Cristo, en Mallorca, en noviembre de 2023 no respiró al nacer ni tenía posibilidades de sobrevivir fuera del útero de la madre.
En el banquillo de los acusados por asesinato se sientan la madre de la neonata de entre 22 y 26 semanas, y el tío de la víctima, que la tarde de los hechos fue visto por una vecina tirando la placenta con el feto en un contenedor de basura de Porto Cristo. Además, una tía de la recién nacida está procesada por un delito de omisión de deber de socorro.
La Audiencia de Palma ha acogido este martes la segunda sesión del juicio con jurado, que se ha centrado en la declaración de los peritos forenses, testigos médicos y una expareja de la principal acusada del presunto asesinato.
Las intervenciones de este martes han evidenciado ciertas discrepancias sobre si la bebé nació viva o no, mientras que un informe del Instituto de Medicina Legal de Barcelona ha precisado que la víctima «no respiró, no tuvo actividad cardíaca autónoma y no hubiera podido sobrevivir ni siquiera en un paritorio», como ha remarcado uno de los peritos.
El corazón nunca llegó a funcionar de forma autónoma
Según los médicos forenses, el estudio anatómico y los análisis histopatológicos al cuerpo de la bebé muestran una «ausencia total de expansión alveolar» en los pulmones, lo que significa que «solo inhaló líquido amniótico y no aire».
El especialista pericial ha descrito un cuadro de sufrimiento fetal severo, con un sangrado interno entre la capa que recubre el cerebro y el propio tejido cerebral de la víctima.
«El daño neurológico se produjo por la ausencia de oxígeno en el feto, y no por un golpe», ha indicado a preguntas de las partes, ante la posibilidad de que muriera por el golpe producido al ser arrojada en el contenedor.
El especialista ha insistido en que la muerte encefálica de la recién nacida fue consecuencia de una hipoxia prolongada y que no existió paro cardíaco, ya que el corazón «nunca llegó a funcionar de forma autónoma».
«Aunque el parto se hubiera producido en un hospital, el resultado no habría sido diferente», ha matizado este perito.
Durante la vista, un enfermero ha recordado que, mediante maniobras de calor y monitorización, los sanitarios trataron de reanimar a la bebé, que llegó al Hospital de Llevant de la mano de la Policía Local.
«El monitor marcó latidos, pero no sabemos si eran reales o producto de la reanimación», ha señalado el sanitario, que no ha podido confirmar si la bebé llegó a vivir.
Los peritos apuntan a una mala praxis
Por su parte, la ginecóloga del Hospital de Manacor que tres días antes de los ocurrido atendió a la embarazada, ha defendido su actuación. Ha explicado que en esa cita detectó una gestación de unas 25 semanas, con latido fetal y sin signos de riesgo.
«No tenía contracciones ni criterios de ingreso, el cuello estaba normal y no existía peligro de aborto», ha alegado.
Sin embargo, los dos peritos forenses que han revisado el expediente médico han calificado de «imprudente» la decisión de la ginecóloga al dar el alta a la paciente, ya que reunía cuatro factores de riesgo fetal que justificaban su ingreso. «El alta médica fue prematura y negligente», ha concluido uno de ellos.
Mientras la defensa sostiene que se trató de un aborto espontáneo, la Fiscalía mantiene la acusación de asesinato, al argumentar que la mujer y su cuñado arrojaron intencionadamente a la bebé al contenedor aún con vida, y por ello solicita que sean condenados a prisión permanente revisable.
El juicio continuará este miércoles.