Palma (EFE).- La concienciación social y el trabajo en los servicios de coordinación de trasplantes de los hospitales de Baleares están permitiendo que, año tras año, la comunidad autónoma cubra la demanda de los pacientes que precisan un trasplante de córnea, con 111 implantes en 2025.
En 2024 fueron 137, un total de 110 en 2023 y en el año 2022, en plena pandemia de la Covid, se trasplantaron 64, según recoge la última memoria del Banco de Sangre y Tejidos de las Islas Baleares.
De los 111 implantes del año pasado, 59 se realizaron en el Hospital Son Espases, 33 en el Hospital Son Llàtzer y 19 en el Instituto Balear de Oftalmología.
En concreto, en 2025 se produjeron 86 donaciones de las que se obtuvieron 171 córneas en los centros públicos y privados de las islas, de las que el 68 % fueron validadas para trasplantarlas, lo que permitió cubrir las necesidades de los pacientes del archipiélago.

El director técnico del Banco de Tejidos, Javier Calvo, y la responsable de producción de tejidos y experta en tejido ocular, Eva Martínez, relatan a EFE el proceso del trasplante de córnea y la “importante” labor que realizan los profesionales de los hospitales de Baleares y del banco para que personas que han perdido la visión puedan recuperarla.
Qué es la córnea
La córnea, explica Calvo, es el ‘cristal transparente’ que cubre la parte frontal del ojo, justo encima del iris (el color del ojo) y la pupila. Es como la ventana por donde entra la luz para que podamos ver nítidamente: la dobla y enfoca sobre la retina (pantalla del fondo del ojo).
Sin córnea sana no hay enfoque claro porque es la primera lente del sistema óptico del ojo y también protege contra polvo, gérmenes y golpes. Está formada por cinco capas finas, sin vasos sanguíneos y se nutre de lágrimas y líquido interno.
Las enfermedades que la dañan, cuando pierde transparencia o forma, son las siguientes: el ‘queratocono’, cuando se abomba como un cono (jóvenes, visión borrosa); la ‘distrofia de Fuchs’, cuando se hincha y empaña (mayores, visión nublada); y las cicatrices o úlceras, por infecciones, herpes o accidentes (cualquier edad).
En 2023, Baleares ocupó la segunda posición entre las comunidades autónomas en el escalafón de donantes de tejido ocular por millón de habitantes (88,2) y la séptima en 2024 (76,2).
Se trata de “cifras enormes” para una comunidad con el número de habitantes de Baleares, afirma Calvo, quien destaca la buena concienciación que existe en las islas sobre la necesidad de la donación de órganos.
El proceso de la donación
La donación de córneas es un proceso «sencillo, pero difícil de ajustar para que funcione bien»: empieza cuando una persona fallece y su familia acepta donar, y termina cuando ese tejido se implanta en el receptor, comenta Calvo.
En vida, la persona puede dejar constancia de que quiere ser donante, pero en la práctica es la familia quien confirma esa decisión tras su muerte.
El fallecimiento ocurre en un hospital y un equipo de coordinación de trasplantes valora si puede ser donante de córnea y revisa la historia clínica para descartar enfermedades que puedan transmitirse, como infecciones graves o algunos tumores.
La extracción se lleva a cabo muy poco después de la muerte: se extrae la córnea, el “cristal” transparente frontal, o un “botón” corneoescleral, y se coloca en un medio especial de conservación en frío para enviarla al banco.
2.000 células por milímetro cuadrado
Martínez detalla el análisis de la “calidad” de la córnea y al estudio, en un microscopio especular, de la capa más interna de la córnea, el endotelio.
Se trata de contar las células endoteliales hexagonales, unas 3.000 por milímetro cuadrado en condiciones normales, y observar su tamaño, forma y calidad.
Por ejemplo, precisa Martínez, para un trasplante de ‘córnea penetrante’ se exige un mínimo de 2.000 células por milímetro cuadrado, aunque con 800 serían suficientes para que un paciente vea.









