Un grupo de mujeres con velo islámico. EFE/JJ Guillén

El instituto Sagasta sostiene que prohibir ir a clase con la cabeza tapada no vulnera derechos

Logroño (EFE).- El Instituto de Educación Secundaria (IES) Sagasta de Logroño ha asegurado este miércoles que la aplicación de su normativa interna de prohibir acudir a clase con la cabeza cubierta, como con gorros, viseras o velos islámicos, no vulnera los derechos fundamentales, como a la educación, a la libertad religiosa y a la propia imagen.

Varias asociaciones acusaron este martes, día de inicio del curso escolar en La Rioja, a la dirección de este centro de impedir la entrada a alumnas con el velo islámico o hiyab, lo que afecta a siete estudiantes.

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Tres escolares, una de ellas con velo, a la salida de un colegio en una imagen de archivo. EFE/David Aguilar

El IES Práxedes Mateo Sagasta, en una nota, ha aclarado que su Reglamento de Organización y Funcionamiento (ROFC) indica que «no se permite el uso de gorros, gorras, viseras, capuchas, boinas y similares en el interior del edificio».

También ha explicado que, durante el primer día de clase, todas las alumnas se retiraron el velo al entrar en el centro, salvo dos de ellas, a las que se recordó la normativa, al igual que a otros estudiantes se les indicó que se quitaran la capucha, la gorra o los cascos.

Normalidad en las aulas

La jornada se desarrolló con normalidad y sin incidentes, según el centro, que ha destacado que «nadie se ha quedado fuera del instituto ni ayer ni hoy».

Ha señalado que, antes de plantearse la votación en el Consejo Escolar, que es el órgano que decide sobre el ROFC, el centro acudió a la Consejería de Educación y ésta, a sus Servicios Jurídicos, para comprobar que la normativa se ajustaba a derecho.

Este reglamento se comunicó previamente a todas las familias del centro y, este verano, la directora habló individualmente con cada una de las cinco alumnas y familias que acudían con velo al centro y con otras dos de nueva incorporación.

En estas conversaciones se les informó de la medida con el tiempo suficiente para que, en caso de desacuerdo, se pudiera solicitar plaza en otro centro escolar; y las familias entendieron que era una decisión del centro y que debían llevarla a la práctica, ha precisado.