Fotografía de una profesora junto a varios niños manipulando tabletas den un colegio. EFE/ Paolo Aguilar

Experta considera que implantar tecnología en las aulas ha sido «un experimento fallido»

Eduardo Palacios |Logroño (EFE).- La pedagoga Catherine L’Ecuyer ha considerado, en declaraciones a EFE, que la implantación en las aulas españolas de la tecnología, sobre todo tabletas, ha sido «un experimento fallido», como lo ocurrido en algunos países del norte de Europa, que han dado marcha atrás en esa estrategia.

L’Ecuyer ha pronunciado sábado en Logroño una conferencia sobre el método educativo Montessori, en el décimo aniversario de un colegio con ese sistema en la capital riojana.

Esta pedagoga canadiense, afincada en España desde hace años, ya planteó en un libro en 2015 la controversia de la tecnología en la educación y ahora ve cómo «ha cambiado el viento» respecto a la corriente dominante entonces, que abogaba por la introducción de las tabletas en las aulas.

Entonces y ahora cree que «hay que hacer dos preguntas», por un lado «si esa tecnología sirve para los fines de la educación» y, por otro, «hay que plantearse si es algo que puede hacer daño»; y «el proceso se hizo sin contestar a esas cuestiones».

«Una década después, se comprueba que el experimento ha sido fallido, que no ha mejorado la educación por tener esa tecnología y que, además, hay daños colaterales», ha afirmado.

L’Ecuyer ha lamentado especialmente que el sistema educativo «sea un campo para experimentar» y que «no tratemos a los niños igual que se haría con un medicamento, realizar muchas pruebas y ensayos antes de introducirlo».

«Hay muchos colegios y profesores que se han dado cuenta de que ha sido un error, pero también hay casos en los que es difícil dar marcha atrás porque los centros tienen las manos atadas, hay muchos contratos firmados con empresas tecnológicas», ha subrayado.

Educar en el presente

La llegada de la tecnología a las aulas se enmarcó en un enfoque educativo basado en «preparar para el futuro, para el trabajo del mañana», porque «se mantiene una educación calcada del modo de producción industrial» y se cree que «hay que preparar al niño y al joven para lo que pasará dentro de diez o veinte años».

Frente a ese planteamiento, ella defiende el método Montessori porque «el planteamiento que hace es educar al niño en el presente, no para el futuro ni para el mundo laboral», ya que «si formamos a la persona, por añadidura, estará formada para el trabajo y para vivir en sociedad».

Defiende que el método Montessori «no pasa de moda porque mira al niño, que tiene una realidad antropológica que no cambia, siempre es un niño, a pesar de los cambios del entorno».

Para ella, el sistema educativo «da bandazos» entre dos corrientes: «una mecanicista, que entiende al niño como un ser pasivo y se apoya en la memorización mecánica, la repetición mecánica y la jerarquía»; y otra que conocida como «nueva educación», que «entiende al niño como un ser que debe construir su propio aprendizaje».

Ha explicado que María Montessori creó un sistema propio hace más de un siglo y optó por «no educar estimulando los sentidos, sino educándolos para conocer la realidad», algo que «parece un simple matiz, pero no lo es».

Porque, ha concluido, «cuando estimulamos al niño, pensamos que depende totalmente del ambiente y del educador para aprender, cuando la realidad es que él ya tiene un deseo nato de conocer» y «hay que afinar sus sentidos para que sea capaz de ajustarse a esa realidad».