Seis "picaos" han revivido este domingo la tradición medieval y han cumplido penitencia en San Vicente de la Sonsierra (La Rioja) con motivo de la festividad de la Cruz de Mayo, dentro de la iglesia por la lluvia.-EFE/ Raquel Manzanares

Seis «picaos» cumplen penitencia en una Cruz de mayo condicionada por la lluvia

Logroño (EFE).- Seis «picaos» han revivido hoy esta tradición medieval y han cumplido penitencia en San Vicente de la Sonsierra (La Rioja) con motivo de la festividad de la Cruz de Mayo, que ha estado condicionada por la lluvia.

La meteorología ha hecho que esta tradición se realice en el interior de la iglesia de Santa María La Mayor, en lugar de la procesión del Vía Crucis que iba a transcurrir hasta el monte El Calvario del municipio.

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Así, esta tradición que es multitudinaria en Semana Santa ha tenido un carácter íntimo y de recogimiento en el interior del templo, presenciada por unas decenas de personas.

La Cruz de mayo se celebra habitualmente el 3 de mayo -aunque se mueve al siguiente domingo si la fecha no se corresponde con ese día de la semana- y lo mismo ocurre con la Cruz de septiembre, que se festeja el 14 de ese mes.

Los estatutos de la Cofradía de la Santa Veracruz datan de 1551, aunque este culto se remonta siglos atrás, a «tiempo inmemorial», sin que haya documentos que certifiquen su origen, según el portavoz de la cofradía, José Miguel Mendoza.

El disciplinante debe ser varón, mayor de edad, católico y, si no es miembro de esta cofradía, tiene que aportar un certificado de su párroco que acredite su sentido religioso.

SAN VICENTE DE LA SONSIERRA (La Rioja), 03/05/2026.- La lluvia ha hecho que el viacrucis de La Cruz de Mayo se realice en el interior de la iglesia de San Vicente de la Sonsierra con seis «picaos».-EFE/ Raquel Manzanares

Los «picaos» van ataviados con una capa marrón sobre una túnica de lino blanco que les cubre el rostro y deja al descubierto la espalda, donde se han golpeado con un flagelo denominado «madeja», confeccionado con cuerdas de cáñamo de unos 80 centímetros y cuyo peso oscila entre 850 y 950 gramos.

Cada penitente se da entre 750 y 950 golpes a ambos lados de la espalda, hasta que el cofrade que se ha situado a su lado ha decidido que ya ha cumplido la disciplina y entonces ha avisado al «práctico», que es otro miembro de la cofradía encargado de «picar» la piel de las lumbares.

Lugo, con una «madeja» distinta, el «picao» se vuelve a dar otra veintena de golpes antes de que le limpien las heridas únicamente con agua de romero, hecha por los «prácticos» y mantenida al sereno durante 24 horas.