Rebeca Palacios |
Logroño (EFE).- La localidad riojana de Pradillo de Cameros se ha teñido de colores este sábado en la ‘Fiesta de las almazuelas colgadas’, una tradición textil surgida en los hogares serranos de la necesidad de aprovechar tejidos en épocas de escasez, pero que ha evolucionado hasta convertirse en una artesanía muy cotizada.
La bajada de las altas temperaturas ha animado a centenares de visitantes a acercarse hasta este pueblo de Cameros de apenas 70 vecinos, para recorrer sus calles empedradas y disfrutar del espectáculo visual que ofrecen sus ventanas y balcones, donde durante este fin de semana cuelgan decenas de piezas multicolores.

La almazuela es una técnica de costura, conocida también como ‘patchwork’, que consiste en unir retales y trozos de telas usadas para formar coloridos patrones geométricos en colchas, mantas, manteles y prendas de vestir.
De origen árabe, la palabra almazuela deriva de ‘almozala’, un vocablo muy usual en la Castilla del siglo X para referirse a la pequeña alfombrilla que los musulmanes utilizaban para rezar sus oraciones y que estaba preciosamente decorada.
En los pueblos de la sierra de Cameros, era habitual reutilizar los retales de tela para confeccionar nuevas prendas, una técnica de aprovechamiento textil muy común en épocas de recursos limitados y en los que no había buenas carreteras para desplazarse.

De la necesidad, a la afición
Para reconocer esta tradición, Pradillo de Cameros organiza desde hace 14 años la ‘Fiesta de las almazuelas colgadas’, ha detallado a EFE Mayvi Barrasa, teniente de alcalde y una de las organizadoras.
Este municipio, ubicado a 40 kilómetros de Logroño, era un pueblo de la sierra de Cameros bastante aislado hace unos siglos, por lo que sus habitantes se veían obligados a «reaprovechar» todos sus textiles, ha explicado.
Cada almazuela lleva decenas de horas de «minucioso» trabajo para completar una composición, que puede ser geométrica o un paisaje, entre otros motivos.

«Además, la costurera tiene que tener en la cabeza la visión entera del trabajo sin tenerlo terminado, lo que supone una dificultad añadida», ha agregado Barrasa.
En la actualidad, esta artesanía textil ya no pasa de madres a hijas y se ha transformado en una afición, de modo que muchas personas se forman en talleres de costura, pero la mayoría de las telas que emplean son nuevas, lo que encarece este ‘hobby’.
Entre las actividades organizadas este fin de semana destaca el tercer concurso nacional de almazuelas, al que se han presentado 33 trabajos de toda España con creaciones diseñadas con el tema ‘Memorias textiles’, que se exhiben en una exposición, junto a otra muestra de las labores de la asociación de mujeres de Badarán.
Un jurado formado por la profesora de almazuelas de Logroño María Antonia Narro, Ana Cámara de Alicante y Jack Rincón, quien tiene un taller de costura en la capital riojana, se encargará de designar al ganador del certamen.

También hay recorridos guiados por este pueblo del Camero Nuevo, que cuenta con casas del siglo XVIII; hay un encuentro con una treintena de artesanas de varias comunidades y se ha desarrollado un taller abierto al público para confeccionar una almazuela colectiva entre los voluntarios que lo deseen.
Esta obra colectiva, cuya temática este año es ‘Cabalgando por San Andrés’, con un diseño de Fuensanta Grandes, de Villoslada de Cameros, se completa durante el resto del año por la artesana Marga Barrio y se sorteará en la próxima edición de esta fiesta.









