Rebeca Palacios |
Logroño (EFE).- La inteligencia artificial (IA), considerada un obstáculo para ejercitar el pensamiento, también puede ser un buen recurso para crear programas personalizados de estimulación cognitiva y como herramienta de rehabilitación para diseñar ejercicios adaptados para personas mayores, ha asegurado a EFE el experto Javier Tubío.
Este psicólogo y doctor en gerontología es profesor e investigador del grupo Neurociencia aplicada al contexto educativo (Neuroedu) de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
La reserva cognitiva es la capacidad que tiene el cerebro para establecer conexiones entre las neuronas, ha explicado, lo que posibilita crear una red tupida para compensar posibles daños, deterioro y las lesiones que se produzcan en otras áreas cerebrales.

Tubío ha comparado esta función cerebral con una red de circo, que permite al funambulista salvarse en caso de una caída, al igual que la reserva cognitiva puede actuar como una defensa ante la demencia.
A lo largo de la vida, ha detallado, las experiencias de una persona y las interactuaciones con su entorno cada vez que aprende cosas nuevas permiten desarrollar esas conexiones cerebrales y contrarrestar las pérdidas.
La edad es el mayor factor de riesgo que influye en el deterioro cognitivo y en la aparición de enfermedades como alzhéimer, de modo que, ha agregado, al aumentar la esperanza de vida, también se han elevado las probabilidades de desarrollar una demencia.

Acciones como jugar al ajedrez, aprender un idioma y leer permiten a los adultos crear conexiones neuronales para desarrollar un envejecimiento saludable y prevenir el deterioro mental, ha puntualizado, pero siempre que sea una actividad nueva que suponga «un reto diario» para el cerebro.
«Lo que no se usa, se pierde»
«En neurociencia se habla mucho del concepto de lo que ‘no se usa, se pierde’, por lo que es importante aprender algo nuevo y salir de la zona de confort y la rutina en la que todo está automatizado», ha explicado.
Así, el entrenamiento mental requiere «intentar dar un paso más», al igual que sucede con el ejercicio físico, que precisa incrementar el esfuerzo cuando ya está dominado.
En este sentido, ha apuntado que el ejercicio está muy relacionado con la actividad mental, porque el cerebro no es un órgano independiente del resto del organismo, de modo que la salud física repercute en la salud cognitiva.

Respecto al uso de la IA, ha constatado que es una tecnología que facilita muchas acciones, pero también puede hacer que sus usuarios «no se esfuercen y ni siquiera se paren ya a pensar en cosas básicas si dependen de ella para todo».
Como ejemplo, ha citado que ya casi no se ejercita la orientación porque se ha extendido el uso del GPS «hasta para ir a comprar el pan» y apenas nadie intenta recordar de memoria los pasos y cantidades de ingredientes necesarios para hacer una receta.
«La inteligencia artificial y la tecnología nos puede facilitar la vida, pero también va a provocar que no ejercitemos el cerebro y, a largo plazo, puede ser negativo», ha reflexionado.
Sin embargo, es una herramienta que ya se emplea en muchos centros para trabajar la rehabilitación cognitiva de personas mayores, donde algunos psicólogos no tienen tiempo para hacer una itinerario especializado con ejercicios adaptados a cada paciente.
Por ello, ha respaldado el uso de la IA para acciones que planteen retos diarios y «no para dejar de pensar».