Por Juan Verano |
Malargüe (Argentina) (EFE).- El guanaco, uno de los mamíferos más emblemáticos de toda Suramérica, se convirtió en las últimas semanas en protagonista de la actualidad política argentina por las declaraciones de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.
Con poblaciones masivas en algunas partes del país, pero amenazados por la ganadería no regenerativa y por los cazadores furtivos en otras, estos camélidos podrían tener en su finísimo pelaje la clave para una conservación sostenible.
Debate sobre guanacos y ganadería en el Sur
La discusión se enrareció a finales de febrero. En medio de una nueva polémica entre el presidente de Argentina, el libertario Javier Milei, y los gobernadores de las provincias patagónicas, Bullrich descalificó a la provincia de Chubut (sur) al considerar que en esta desértica región del sur del país «ya no vive nadie, nada más que un millón de guanacos».

Posteriormente, la excandidata presidencial de la coalición centroderechista Juntos por el Cambio matizó sus palabras y abrió el debate sobre la superpoblación de estos animales en las provincias del sur argentino, donde los ganaderos ovinos los consideran una «problemática acuciante» para su actividad.
María José Bolgeri, de WCS, señala que el conflicto entre guanacos y ganaderos no es reciente.
«Hace dos siglos se incorporaron muchas cabezas de ganado en un ambiente frágil, pero cuando el precio de la lana cambió en los años ochenta por la introducción de los tejidos sintéticos y el tamaño de las explotaciones disminuyó, esta especie silvestre empezó a reconquistar lugares donde se les había liquidado», explica Bolgeri a EFE.
Caza de guanacos en Argentina
Para controlar su población, especialmente en las provincias patagónicas, las prácticas de caza de guanacos se convirtieron en un fenómeno habitual.

«Se les arrea (captura), se les sube a un camión y se les mete en un frigorífico», denuncia la bióloga, que considera que la intención de esta práctica no es el control de una ‘plaga’, sino «bajar la carga de guanacos para introducir más ovejas y seguir generando desertificación».
Según datos recientes, la población de guanacos en Argentina se estima en alrededor de 600,000 ejemplares. También existen poblaciones de estos animales en Perú, Bolivia y Chile.
Para Bolgeri, existe una alternativa a la demonización de los guanacos: la esquila en estado silvestre.
Desafíos en la Esquila
El pelaje de estos animales es una de las fibras más finas del mundo, pero el arreo de los animales para proceder con su esquila no es un proceso sencillo.
«No son fáciles de manejar», reconoce la bióloga, que también considera que los esfuerzos de los ganaderos que optan por intentar diversificar sus explotaciones e incorporar al guanaco se enfrentan a trabas en la exportación, a dificultades administrativas y a una escasa visibilidad comercial.

«Algunos productores tienen que desplazarse más de 400 kilómetros para firmar un papel», dice a EFE la bióloga.
Actualmente, WCS trabaja con autoridades provinciales y productores en la capacitación de ganaderos.
Guanacos en La Payunia
Bolgeri trabaja en este y otros proyectos de conservación animal en la localidad de Malargüe (provincia de Mendoza, oeste del país). donde se encuentra la reserva de La Payunia, un área volcánica protegida en la que habita una población casi sedentaria de entre 10.000 y 20.000 guanacos. Allí, la esquila en ‘silvestría’ se remonta a 2005.
Guanacos, incluidos en Convención de Especies Migratorias, hallan hábitat ideal en La Payunia, libre de obstáculos humanos.