São Paulo (EFE).- El escándalo del Banco Master, en el que se mezclan sospechas de corrupción, conflicto de intereses y guerras palaciegas, ha sacudido la campaña electoral en Brasil y ha abierto una crisis sin precedentes en la Corte Suprema.
Estas son las claves para entender un caso complejo que empezó como un fraude millonario para convertirse en un terremoto político y jurídico de consecuencias desconocidas:
Origen y protagonista
Todo empezó con la liquidación extrajudicial del Banco Master el 18 de noviembre de 2025 en medio de una investigación por la emisión de títulos sin respaldo, transacciones simuladas y el posible desvío de recursos públicos, según Transparencia Internacional.
La entidad, cuya participación en el sistema financiero brasileño era mínima, con apenas 0,57 % de los activos totales, se remonta a la década de 1970, cuando era Máxima Corredora de Valores y Títulos Mobiliarios.
Daniel Vorcaro, hijo de un empresario dedicado a las finanzas, asumió el control de la compañía en 2019, en una operación avalada por el Banco Central, meses después de haberla vetado.
La diferencia entre una decisión y otra fue el cambio de presidente en el Banco Central: de Ilan Goldfajn a Roberto Campos Neto, nombrado por el entonces presidente Jair Bolsonaro.

En un lustro, Vorcaro multiplicó el patrimonio del banco mediante una agresiva estrategia de compra de activos, inversiones en empresas en crisis y oferta de títulos de renta fija con rentabilidades por encima del mercado.
El modelo se reveló insostenible. Aun así, Vorcaro intentó vender su banco en el último momento antes de ser detenido, el 17 de noviembre de 2025, mientras intentaba salir del país en un avión privado.
La venta se paró y el Master fue liquidado por el Banco Central, entonces bajo administración de Gabriel Galípolo, nombrado por el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva.
El lío escaló cuando se supo que parte del capital del banco lo habían aportado entes públicos, entre ellos diversos fondos de pensiones de funcionarios.
Vorcaro salió de la cárcel a los pocos días, pero el pasado 4 de marzo volvió a prisión, donde continúa preventivamente.
Implicados: jueces, políticos y directivos
El escándalo ganó dimensión política al conocerse la extensa agenda de contactos de Vorcaro entre las altas esferas del poder.
Las investigaciones apuntan a exdirectivos del Banco Central, que supuestamente filtraban información y asesoraban a Vorcaro, así como a políticos de diversas ideologías.
Dos de ellos son los senadores Ciro Nogueira, exministro de Bolsonaro, y Jaques Wagner, antiguo líder del Gobierno de Lula en la Cámara Alta y fiel escudero del dirigente progresista.
De ambos, la Policía sospecha que recibieron, a través de terceros, dinero o bienes a cambio de impulsar leyes que favorecieran los intereses del Master.
Entre los salpicados también figuran el exgobernador de Río de Janeiro Claudio Castro, el exgobernador de Brasilia Ibaneis Rocha y el gobernador de Bahía y candidato a la reelección, Jerônimo Rodrigues, aliado de Lula.
Los tentáculos de Vorcaro llegaron al Poder Judicial. En la mira, los jueces del Supremo José Antonio Dias Toffoli y Alexandre de Moraes, este último famoso por conducir el juicio que llevó a prisión a Bolsonaro por golpismo.
Toffoli se vio involucrado después de que su familia vendiera un complejo hotelero al círculo del banquero.
Asimismo, la Policía encontró en el celular de Vorcaro mensajes comprometedores con De Moraes, a quien pidió protección y hasta le consultó, días antes de ser detenido, si debía abandonar Brasil.
Según esas indagaciones, De Moraes revisó un millonario contrato de prestación de servicios entre el despacho de abogados de su esposa y el Master.
Otro de los citados es el fiscal general, Paulo Gonet, nombrado por Lula en 2023.
Sospechas sobre Bolsonaro y reunión con Lula
El senador Flávio Bolsonaro, principal candidato opositor en las elecciones, también ha visto manchado su nombre, pues negoció con Vorcaro para conseguir un cuantioso patrocinio destinado a producir una película sobre su padre.
Parte del valor se transfirió a un fondo ligado al entorno de los Bolsonaro, según la prensa brasileña.
En un audio filtrado, Flávio llamó «hermano» a Vorcaro. Después de negarlo, el senador reconoció la negociación, aunque recalcó que todo es legal, sin detallar los pagos y el destino de los recursos de Vorcaro, objeto de investigación en una pieza separada.
En cuanto a Lula, trascendió que se reunió con Vorcaro en diciembre de 2024 en un encuentro fuera de agenda con otras autoridades. Lula afirma que su Gobierno nunca favoreció al Master.
Guerra en el Supremo
El escándalo explotó la semana pasada, cuando André Mendonça, el juez instructor del caso y nombrado para el Supremo por Bolsonaro en 2021, desclasificó parte de los autos, haciendo públicas sus sospechas sobre De Moraes.
De Moraes contraatacó y pidió investigar a Mendonça por supuestos abusos e irregularidades en la conducción del proceso, basándose en un informe apócrifo de Inteligencia de la Policía.
El martes, Mendonça reaccionó suspendiendo al director de la Policía, Andrei Rodrigues, a quien responsabilizó en última instancia de espionaje ilegal contra él y otras autoridades, una decisión que fue posteriormente anulada por el presidente del Supremo, Edson Fachin.
Impacto en la campaña
El escándalo ha caído como una bomba en la campaña para las presidenciales del 4 de octubre. Flávio Bolsonaro, pese a estar salpicado, está intentando sacar provecho al vincular a De Moraes con Lula.
En la campaña de Lula hay «mucha confusión» sobre cómo responder, según fuentes próximas al mandatario.
Lula ha reclamado al Supremo que levante el secreto de sumario para conocer a todos los implicados «sea quien sea y duela a quien duela», pero ha evitado señalar explícitamente a De Moraes.









