América Latina 2023, entre la incertidumbre y el empuje del cambio

Por Manuel Fuentes |

Redacción América (EFE).- América Latina se moverá en 2023 entre la incertidumbre a causa de la inflación, la crisis energética y el magro crecimiento económico por un lado, y el empuje del cambio político y social que demanda una ciudadanía más consciente y crítica que presiona a sus líderes para que hagan realidad sus aspiraciones de desarrollo y bienestar.

Nueve años atrás, América Latina avanzaba. Aupada en el auge de las materias primas, en la región la pobreza disminuía, la desigualdad se reducía y la democracia se arraigaba.

Pero en 2014, el boom de los commodities llegó a su fin y comenzó así una nueva década perdida que se mantendrá en 2023.

El mediocre crecimiento del 1,7 % que prevé el Fondo Monetario Internacional (FMI), los altos niveles de inflación, el aumento de la violencia y el crimen organizado, la crisis migratoria y los catastróficos efectos de la pandemia dibujan un panorama poco alentador para la región.

Esta situación merma las aspiraciones de desarrollo, acrecienta el descontento de la ciudadanía, plantea desafíos a la democracia, traba la inserción internacional de la región y limita las iniciativas de integración regional.

Inestabilidad política

La mayoría de los analistas prevén que en 2023 prosiga la inestabilidad política puesta de manifiesto en el voto de castigo que han recibido el oficialismo y los partidos políticos tradicionales con las quince victorias consecutivas de la oposición en los países que han celebrado elecciones libres y transparentes en los últimos cuatro años.

En la agenda electoral de América Latina para el próximo año destacan tres comicios presidenciales (Argentina, Paraguay y Guatemala) y dos referendos constitucionales (Chile y Ecuador).

Estas citas pondrán a prueba la estabilidad política de una región en la que la sociedad presiona para hacer realidad demandas tradicionales (salud, educación, seguridad, pensiones) y emergentes (lucha contra la violencia machista, derechos sexuales y reproductivos, cuidado del medioambiente).

Pero a pesar de la inestabilidad política, la corrupción y las veleidades autoritarias, América Latina prospera culturalmente, tiene posibilidades de ejercer cierto liderazgo en el escenario global y sigue siendo la región en desarrollo donde la democracia está más afianzada.

La democracia funciona en América

Además, los intentos por alterar o debilitar sistemas electorales que funcionan como garantes del sistema democrático no prosperaron ni en Brasil ni en México, los dos países más grandes de la región, mientras que en Argentina, la vicepresidenta en ejercicio, Cristina Fernández de Kirchner, fue condenada por corrupción (en una sentencia que aún no es firme), y en Perú fue desarticulado el intento de autogolpe de Estado de Pedro Castillo.

A continuación, un repaso a algunos de los desafíos que enfrentan los países de la región.

En Argentina, el principal reto para el próximo año será frenar el acelerado ritmo de la inflación -la mayor en tres décadas- sin enfriar por completo la economía.

La estabilización la economía está atada, además, al cumplimiento de las metas fiscales y monetarias fijadas en el acuerdo sellado en marzo pasado con el FMI, que serán aún más exigentes en 2023.

En el ámbito regional, Argentina ocupará en el primer semestre de 2023 la presidencia pro témpore del Mercosur, con un Uruguay deseoso de firmar un acuerdo comercial con China y con el desafío de dar un nuevo impulso al proceso de integración y promover las negociaciones con la Unión Europea (UE) para zanjar las diferencias que dificultan un acuerdo definitivo de libre comercio.

Lula, líder regional

En Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, de vuelta a la Presidencia tras el mandato 2003-2010, tendrá que vérselas con un Congreso en el que la oposición tiene la mayoría, los embravecidos partidarios de Jair Bolsonaro protestando en las calles y un tercio de los 214 millones de habitantes bajo la línea de pobreza.

Además de lidiar con una sociedad polarizada, Lula tendrá como desafíos cuidar la biodivesidad de la Amazonía, severamente maltratada por su antecesor, y proteger a las comunidades indígenas.

El presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en una fotografía de archivo. EFE/Antonio Lacerda
El presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en una fotografía de archivo. Se espera que sea uno de los líderes de América Latina en los próximos años. EFE/Antonio Lacerda

El mandatario brasileño, indiscutido líder político de la región, quiere demostrar -al igual que hizo Joe Biden tras el fin de la era de Donald Trump- que su país ha vuelto a la escenario global y para ello proyecta albergar la COP en 2025, además de organizar las cumbres de los BRICS y el G20 en 2024.

Otro presidente que hará valer su capital político el próximo año es el mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien goza de una elevada aprobación ciudadana, pero al que la Constitución no le permite presentarse a la reelección.

López Obrador recibirá a los mandatarios de Estados Unidos, Joe Biden, y Canadá, Justin Trudeau, con motivo de la Cumbre de Líderes de América del Norte que se celebrará en la segunda semana de enero.

Agitación en Perú

Quien sin embargo se tambalea en su puesto es la presidenta de Perú, Dina Boluarte, que asumió el cargo el pasado día 7, después de que el Congreso destituyera a Pedro Castillo como cuarto presidente del país en los últimos dos años por intentar disolver el Parlamento y constituir un Gobierno de emergencia nacional.

En un ambiente de gran inestabilidad política y agitación social, Boluarte ha intentado controlar la situación con la convocatoria anticipada de elecciones para diciembre de 2023 y empleando mano dura para acallar las protestas de los partidarios de Castillo, con un saldo que ronda la treintena de muertos y cientos de heridos y detenidos.

Una persona se manifiesta con un cartel contra la presidenta Dina Boluarte, el 15 de diciembre de 2022, durante una protesta en los exteriores de Palacio de Justicia en Lima (Perú). EFE/Aldair Mejía
Una persona se manifiesta con un cartel contra la presidenta Dina Boluarte, el 15 de diciembre de 2022, durante una protesta en los exteriores de Palacio de Justicia en Lima (Perú). EFE/Aldair Mejía

Materializar la paz total en un país donde siguen operando casi un centenar de grupos armados es el principal desafío en Colombia, donde el año que viene se despejará la incógnita de si las conversaciones con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional avanzan o se produce una nueva ruptura del diálogo.

También está abierta la posibilidad de que el Gobierno de Gustavo Petro inicie contactos con otros grupos, como los narcotraficantes del Clan del Golfo o las disidencias de las FARC, para proponerles que se sometan a la justicia o bien para ofrecerles un diálogo político.

A pesar del clima favorable a las negociaciones y a la paz, el país sigue desangrándose y la violencia continúa cebándose con las comunidades históricamente violentadas: afro, indígenas y campesinas.

Chile, la Constitución pendiente

El 2023 será un año crucial para que Chile pueda culminar el proceso de cambio político y social que surgió de la protesta que estalló en las calles en octubre de 2019.

El inesperado y rotundo rechazo de los ciudadanos en septiembre pasado al proyecto constitucional elaborado ad hoc por la Convención ha dado paso a un proceso consensuado por las élites políticas para que el Parlamento y un comité de expertos elaboren conjuntamente un nuevo proyecto de carta magna que será sometido a votación a comienzos de 2024 en un referéndum con voto obligatorio.

Venezuela llega al décimo año bajo la presidencia de Nicolás Maduro en un momento en el que Estados Unidos y la Unión Europea reducen sus sanciones contra el régimen y reanudan el diálogo, al tiempo que la oposición al chavismo intenta ponerse de acuerdo para elegir a su candidato para las presidenciales de 2024.

Mientras tanto, la recesión, la erosión institucional y el incremento del autoritarismo continúan en América Central, especialmente en Nicaragua y El Salvador, junto con la emigración a gran escala como única salida a una situación cada vez más difícil.