Pamplona (EFE).- La efigie de San Fermín ha salido este viernes de su templete en la capilla del santo para una prueba del mecanismo que permite sacar la figura del patrón en la procesión del 7 de julio en Pamplona.
En la capilla de San Fermín, ubicada en la iglesia de San Lorenzo, un equipo de carpinteros se ha encargado de sacar la efigie, que con su peana de oro y plata pesa en total 480 kilos, deslizándola sobre unos rieles ocultos en la base del templete.

De esta forma, la efigie se desliza hasta una estructura de madera con ruedas sobre la que descansan las andas sobre las que desfila el santo en la procesión. Se comprueba así el estado de los rodamientos y la resistencia y el estado de los tres varales de madera que utilizan los costaleros para portar la imagen de San Fermín.
Comprobación de todos los elementos mecánicos
El carpintero Fidel Elustondo ha explicado a EFE que este proceso tiene el objetivo de «revisar que todo funcione perfectamente para que el santo pueda salir, porque imaginaros Pamplona sin el santo, me parece que va a ser un poco difícil».
«Comprobamos que todas las guías del soporte que está exterior funcionan. Segundo, que todas las ruedas, todos los rodamientos del Santo funcionan y se engrasan.

Elustondo ha reconocido que, como pamplonés, es un honor llevar el mantenimiento de este mecanismo: «Yo tengo seis hermanos y todos quieren venir a echarnos una mano. Y de hecho hoy ha venido un hermano mío, por si acaso». «Esto es un orgullo, el hacer esto es el no va más», ha destacado.
Todo por San Fermín
El párroco de San Lorenzo, Javier Leoz, ha comentado por su parte a EFE que, más que nervios, en estos momentos tiene «mucho trabajo, pero con este fenomenal equipo de voluntarios, todo parece ser que está abocado a vivir la fiesta con los ojos puestos en San Fermín».
Sí ha reconocido que tiene algunos nervios porque está pendiente del tiempo para el día 7, aunque «merece la pena. Todo por San Fermín y con San Fermín».
Este año, además los atriles de plata de San Fermin cumplen 300 años. Se trata de dos piezas artísticas de plata de 1725 que forman parte del Tesoro del santo y que se conservan en la capilla junto a otras alhajas litúrgicas.