Una joven se prueba una peluca y unas gafas para su disfraz de Nochevieja en Pamplona. EFE/Villar López

Entre risas e ingenio Pamplona se disfraza un año más para despedir el 2025

Casilda Zuloaga

Pamplona (EFE).- La Nochevieja es, en Pamplona, algo más que la despedida del año. Mientras en muchos lugares la celebración se asocia a vestidos elegantes y cenas formales, en la capital navarra existe una tradición divertida y arriesgada: salir a la calle disfrazado.

Una costumbre que cada 31 de diciembre transforma la ciudad en un desfile improvisado de creatividad, humor y, en ocasiones, cierta dosis de atrevimiento.

El debate se repite año tras año entre quienes apuestan por la originalidad y quienes prefieren ir “guapas”, pero lo que no cambia es el espíritu festivo que envuelve a la ciudad y que une cada año a grupos de amigos y familias.

Así lo saben bien las tiendas especializadas, muchas de ellas comercios de toda la vida, como La Golosina, un establecimiento histórico de Pamplona que cada diciembre se convierte en punto de referencia para quienes buscan su disfraz de última hora.

Sin tendencia clara este año para los disfraces de Nochevieja

Su responsable, Sonia Barcos, ha explicado que este año no se ha detectado una tendencia clara en los disfraces. “Nos piden de todo”, ha asegurado a EFE. Desde disfraces en grupo, como los integrantes de Kiss, hasta personajes históricos como faraones. La variedad es la tónica dominante y el público es muy diverso: “Viene gente de todas las edades, muchas familias completas”, señala.

En cuanto a las ventas, Barcos reconoce que se han mantenido estables o incluso ligeramente a la baja. La competencia de las plataformas online ha afectado al sector. “Es una competencia muy desleal. Los productos son de peor calidad y no podemos competir con esos precios”, ha lamentado.

Aún así, el comercio apura hasta el último momento y el 31 de diciembre mantiene sus puertas abiertas hasta las ocho de la tarde para atender a quienes aún no se han decidido.

Imagen de un establecimiento de disfraces en el último día del año en Pamplona, donde la Nochevieja se celebra tradicionalmente con complementos de este tipo
La dependienta de “La Golosina” coloca la peluca a una clienta que se prepara para la Nochevieja en Pamplona. EFE/Villar López

Entre quienes ya lo tienen claro está Irune, una joven pamplonesa que saldrá con tres amigas disfrazadas de indias. Ella misma ha reconocido que no es una opción especialmente original. “Es bastante típico”, ha admitido.

Ha confesado que suele gustarle ir de algo gracioso, incluso que roce la vergüenza. Pero, “esta vez ha pesado la votación de ir guapas, así que ha habido que acatarla”, añade entre risas.

A diferencia de otros años, esta vez el grupo ha preparado el disfraz con antelación. “Con una semana y media”, ha explicado Irune, un margen inusual teniendo en cuenta que, en muchas ocasiones, la decisión se toma el día anterior o incluso la misma mañana del 31.

Gracias a ese tiempo, han podido elaborar una base sencilla, una camiseta marrón larga, y personalizarla con manualidades y cartulinas. “Es hacerlo un poco tuyo”, ha resumido.

Poca previsión y originalidad en la Nochevieja

No todos han sido tan previsores. Es el caso de Lola, otra joven de la ciudad, que a un día de la celebración todavía no sabía de qué se iba a disfrazar, un clásico de la Nochevieja pamplonesa.

Leyre, por su parte, mantiene una tradición inquebrantable: siempre se disfraza en grupo y siempre van iguales. Este año serán pitonisas, con faldas largas y accesorios como bolas mágicas y cartas.

En años anteriores han sido desde las divinas de El patito feo hasta ninjas o ‘cowgirls’. “Solemos ir muy monas”, comenta aunque reconoce que hay quien no tiene ningún reparo en hacer el ridículo. “Mi prima, por ejemplo, va a ir disfrazada de ducha”, cuenta entre risas.

La originalidad alcanza su máximo exponente con la propuesta de Rodrigo, un joven navarro de 21 años. Su cuadrilla se disfrazará de calles de Pamplona.

Imagen de un establecimiento de disfraces en el último día del año en Pamplona, donde la Nochevieja se celebra tradicionalmente con complementos de este tipo
Un maniquí disfrazado de indio americano recibe a la clientela en un establecimiento de Pamplona. EFE/Villar López

Cada uno llevará colgado el cartel de una vía y un atuendo que la represente: la calle Mayor convertida en un abuelo, la calle Príncipe de Viana en un príncipe o la calle Abejeras en una abeja. Rodrigo irá de avenida de Sancho el Fuerte, vestido de forzudo. “Nos parecía original y una forma de rendir homenaje a nuestra ciudad”, explica.

También hay espacio para los amantes del cómic. Luis ha optado por versionar, junto a dos amigos, un disfraz de los Teen Titans. Serán Robin, Chico Bestia y Raven. “Nos gustan mucho los cómics y es un disfraz divertido y distinto”, señala.

Y, por supuesto, nunca faltan los clásicos. Naiara y su grupo han decidido vestirse de princesas Disney. El motivo es práctico: “Con el frío hay que jugar con ropa térmica”, comenta, por lo que buscan disfraces que lo permitan. Y para clásicos también están Javier y sus amigos que este año han apostado por los personajes de Bob Esponja.

Así, entre risas, ingenio y capas térmicas, para poder afrontar el frío Pamplona despide el año fiel a una tradición que mezcla humor, creatividad y una identidad festiva que no entiende de etiquetas.