Salida de la 'Carrera de los Valientes'. EFE/Villar López

La meta que une a 2.400 valientes

Casilda Zuloaga

Pamplona (EFE).- La lluvia amenazaba con robar protagonismo a una de las citas solidarias más queridas del calendario, pero finalmente dio tregua. Como si también quisiera sumarse a la causa, dejó paso a una mañana algo luminosa y con alguna gota en la que 2.400 personas se reunieron para celebrar la décima edición de la ya tradicional ‘Carrera de los Valientes’.

No era solo una carrera: era un encuentro de compromiso, familias, amigos y solidaridad en movimiento para apoyar a los niños con cáncer.

Corte de cinta de la carrera, organizada para apoyar a los niños con cáncer. EFE/Villar López

Pequeñas historias

Detrás de cada dorsal hay siempre pequeñas historias. Algunas comienzan incluso antes de la salida, como la de Leire Leoz, voluntaria en esta edición. Estudia segundo de Farmacia y decidió participar movida por una inquietud sencilla pero poderosa: “Me apetecía hacer algo para ayudar a la comunidad y me llegó el mensaje”.

Era su primera vez colaborando y, aunque reconoce que al principio hubo bastante movimiento, especialmente en la carrera infantil, donde los nervios y la ilusión de los más pequeños generaron un ambiente algo caótico, pronto todo fue encontrando su ritmo. “La gente está siendo muy amable, hay muchas dudas porque muchos se estrenan, pero luego todo ha ido mejor y bastante rápido”, cuenta con una sonrisa.

En la carrera se han dado cita corredores de todas las edades. EFE/Villar López

Entre los corredores también estaban Pablo Castillo, de 15 años, y su hermano Juan, de 20, estudiante de Bioquímica en la Universidad de Navarra. Pablo participa desde las primeras ediciones y tiene muy claro por qué sigue haciéndolo: cree que es importante implicarse en iniciativas que ayudan a los niños con cáncer.

Juan tampoco quiso faltar, ni siquiera con la rodilla algo resentida. A su lado corría también su amigo Ignacio, formando ese pequeño grupo de jóvenes que entiende la solidaridad como algo natural, casi cotidiano.

Un golden retriever veterano

La jornada dejó también imágenes entrañables, como la presencia de Cooper, un golden retriever veterano en esta cita solidaria. Su dueño, David, asegura entre risas que el perro ya ha perdido la cuenta de las veces que ha participado. Para ambos es un día especial: “Es una jornada muy familiar que invita a venir».

Muchos niños han participado en esta carrera solidaria. EFE/Villar López

«Él se lo pasa genial y también aporta su granito de arena con esa alegría que transmite”, ha afirmado. Y basta verle para entenderlo: cola moviéndose, fotos improvisadas y esa energía contagiosa que convierte el deporte en celebración.

Desde la megafonía, Álvaro, uno de los vicepresidentes de la carrera, animaba sin descanso y anunciaba la llegada de los participantes. Gracias a él se confirmó el dato más significativo del día: esta décima edición ha batido récords con 2.400 inscritos.

Sin embargo, insiste en que lo verdaderamente importante no son las cifras. “No solo se trata de participar en una carrera; se está colaborando en una causa muy bonita”, recordaba mientras seguían cruzando corredores la meta.

Los corredores han vestido la camiseta naranja que caracteriza a la prueba. EFE/Villar López

Generaciones enteras, unidas en la carrera

La Carrera de los Valientes volvió a reunir a generaciones enteras. Familias completas, antiguos alumnos que regresan para vivir la experiencia con sus hijos, como Ana Sesé y Umberto Bini junto a Pablo y Belén, e incluso miembros de la Benemérita que tampoco quisieron perderse esta cita anual. Todos diferentes, pero unidos por una misma intención: sumar.

Al final, más allá de tiempos o distancias, lo que queda es esa sensación compartida de haber formado parte de algo que importa. Porque cuando una comunidad se reúne para ayudar, cada paso cuenta, cada gesto suma y cada edición confirma que la verdadera meta no está en la línea de llegada, sino en la esperanza que se construye juntos.