Casilda Zuloaga
Pamplona (EFE).- Toda ciudad tiene su gran salón y, en el caso de Pamplona, ese lugar es la Plaza del Castillo. Turistas y navarros confluyen a diario en este lugar para pasear, conversar o compartir un café.
Rodeada por edificios históricos como el Hotel La Perla o el del Nuevo Casino, y abierta a calles como Estafeta o San Nicolás, la plaza es mucho más que un punto de paso: es el ágora donde la ciudad se encuentra consigo misma.
Su historia también se escribe. Antes de que existieran plazas de toros como se entienden hoy, aquí se celebraban los festejos taurinos con graderíos provisionales y balcones convertidos en tribunas.
Hoy sigue siendo el gran escenario de la vida pamplonesa. Así lo resume Maider Beloki, concejala de Cultura y Fiestas: «Es una plaza que tiene bancos, que tiene sus zonas verdes, donde confluyen muchísimas cosas, culturales, manifestaciones, eventos deportivos. Es decir, es donde se pasea, donde se está, se conversa».
Uno de los corazones de los Sanfermines
Pero cuando llega el 6 de julio, la Plaza del Castillo se transforma. El chupinazo convierte este espacio en uno de los corazones de los Sanfermines. Hugo Ancina, trabajador del Hotel La Perla durante las fiestas de 2025, lo vivió en primera línea: «La plaza está llena de gente, pero se vive muy buen ambiente».
Tras el estallido inicial llegan otros rituales: los gigantes y kilikis que recorren la plaza y, al caer la noche, los conciertos que reúnen a miles de personas.

A ello se suman las actuaciones de txistus y gaitas por la tarde, «que generan un ambiente súper bonito de danzas, de dantzaris, de cultura popular, de danzas de aquí».
El equilibrio entre la fiesta y el descanso
Ese equilibrio entre fiesta y descanso es una prioridad para el Ayuntamiento. «San Fermín se convierte en un epicentro» de la ciudad, señala Beloki, «siendo también un espacio que hay que respetar» para que sea también un lugar para descansar a la sombra.
La programación de 2026 incluye catorce conciertos entre el 6 y el 13 de julio con artistas como Boney M., Shinova u Ojete Calor. «Aquí cada noche tienes un tipo de público», explica la concejala, ya que «un día tienes familias, otro día tienes gente joven, otro día tienes un público más diverso por el tipo de artista».
Beloki recuerda especialmente una actuación de la banda Zetac, que «fue un concierto súper bonito», en el que «hubo un momento en el que el artista saltó al público. La plaza estaba tan llena y la gente estaba tan enfervorecida que fue un instante increíble».
Desde otro rincón de la plaza, Edison Iván Ortega observa ese ir y venir desde su quiosco de la ONCE. «La verdad que es un sueño estar aquí en la Plaza del Castillo», asegura.
«A veces hago de guía porque te llegan a preguntar por la Estafeta, la Catedral. Uno es casi como un punto de información». Durante los Sanfermines, dice, «la gente está más con ganas de celebrarlo, el San Fermín, el Santo».
Ver la plaza llena sigue emocionándole: «Mucha gente abarrotada y es una emoción que te nace al ver tanta emoción, tanta juventud, tanto despliegue de gente de otros lados, de otros países».
Respeto y libertad
Pero para Beloki, en San Fermín hay un elemento imprescindible: «Son unas fiestas maravillosas para compartir con la familia, con los amigos, con las personas que vienen de fuera. Tenemos una actitud muy de apertura y muy de fluir a tope. Pero siempre con respeto, con libertad, pero con respeto».
Y cuando llega el final de las fiestas, la Plaza del Castillo recupera el silencio. Vuelve a ser el gran salón de Pamplona, el lugar donde la ciudad pasea, conversa y espera, una vez más, a que el próximo 6 de julio la despierte de nuevo.









