Acto institucional celebrado en el Parlamento de Navarra. EFE/Villar López

El Proyecto Vacaciones en Paz en Navarra acoge en esta edición a 101 niños saharauis

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Pamplona (EFE).- El Parlamento de Navarra ha llevado a cabo un acto de recepción y bienvenida a 101 niños y niñas saharahuis que han llegado a la Comunidad foral y sus familias de acogida en el Proyecto Vacaciones en Paz.

Este programa permite que los menores pasen los meses de verano en la comunidad, lejos de las temperaturas extremas de sus campamentos, los cortes de luz diarios y las plagas de insectos, y reciban atención médica y un entorno familiar seguro.

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En el acto han participado el presidente del Parlamento de Navarra, Unai Hualde, el delegado de la República Árabe Saharaui en Navarra, Hamdi Aomar Ahmed, y Carolina García, miembro de la Asociación Navarra de Amigos del Sahara.

Apoyo al derecho a la autodeterminación saharaui

En su intervención, Hualde ha expresado su apoyo firme al pueblo saharaui y a su derecho de autodeterminación, al mismo tiempo que ha solicitado el respeto al derecho internacional con la república y ha resaltado la importancia del papel de las familias de acogida, su esfuerzo y su compromiso.

Niños y niñas saharauis, en la recepción ofrecida en el Parlamento de Navarra. EFE/Villar López

Por su parte, Hamdi Aomar ha agradecido los años de amistad y solidaridad al pueblo navarro y ha destacado el valor de proyectos como Vacaciones en Paz, que, en sus palabras, permiten a los menores descubrir otro mundo y otro posible futuro al regresar con sus familias.

Para cerrar el acto, Carolina García ha recordado a todos los menores que viven en campamentos y ha expresado su deseo de que, en un futuro, ningún niño tenga que salir de su tierra ni separarse de su familia en busca de una mejor calidad de vida.

Muchas ilusión y dudas

La ilusión del primer verano juntos, las revisiones médicas que muchos menores no pueden recibir durante el resto del año y la convicción de que ninguno de ellos debería abandonar su tierra para disfrutar de unas vacaciones marcan estos días el programa Vacaciones en Paz.

Entre las familias que este año se han incorporado al programa está la de Iñaki, que llevaba años deseando participar y finalmente ha acogido a una niña saharaui que está a punto de cumplir 11 años y convivirá durante dos meses con su hija de 9.

El delegado de la República Árabe Saharaui en Navarra, Hamdi Aomar Ahmed (d). EFE/Villar López

“Lo vivimos con muchísima ilusión, pero también con muchas dudas, sin saber cómo iba a salir todo”, explica. La llegada estaba prevista para el 6 de julio, aunque los cambios de última hora en el vuelo aumentaron la incertidumbre antes del encuentro con la niña.

Problemas médicos que resolver

La comunicación ha sido uno de los principales retos. “Es el primer año para nosotros y también para nuestra hija. Hay herramientas que ayudan, pero no son tan fluidas ni tan prácticas como nos gustaría”, reconoce.

Durante su estancia, la menor aprovechará para someterse a numerosas revisiones médicas y odontológicas: “Tiene muchos problemas que resolver. Es la primera vez que va al dentista y va a necesitar muchas citas. Para ella todo es nuevo, hasta el idioma”.

También la convivencia exige adaptación. “Mi hija tiene nueve años y ella casi once. Hay veces que no entendemos algunas cosas que hace, pero poco a poco cada día va mejor”, añade.

SAHARAUIS FUERA REGULARIZACION
Imagen de archivo de saharauis refugiados de los campamentos de la región argelina de Tinduf. EFE/Taher Mulay

Un verano repleto de planes

Entre quienes ya conocen Navarra está Zacaría, aunque todos le llaman Zaca. Tiene diez años y llegó por primera vez en 2022 para ser tratado de un problema en un pie y en un ojo.

“He venido aquí para hacer unas operaciones. Me gusta Navarra y estoy muy contento”, cuenta. En los campamentos le esperan un hermano pequeño y dos mayores, mientras que aquí disfruta de un verano repleto de planes. “Me gustan mucho los Sanfermines. Fuimos a las barracas y a los fuegos artificiales. También iremos a la playa y luego a una granja”, relata.

Mezcla de alegría y rabia

También repite experiencia Zidagme, de nueve años, que vuelve a convivir con la misma familia que le acogió el verano pasado.
“He ido a la piscina y he jugado con mis primos. Estuve dos días en Sanfermines, me vestí de blanco y rojo y lo que más me gustó fueron las barracas. También me gustó la final del Mundial de ayer”, explica.

Su familia de acogida, encabezada por Libia Tizarros, de Echauri, participa desde hace tres años en el programa. Recuerda que el pequeño llegó con importantes problemas de salud y fue operado del pie durante su primera estancia.

“Cuando te apuntas al programa, si tienes hijos puedes pedir un niño de una edad parecida. Yo tengo un hijo de 24 años y Zidagme es como un hermanito para él. Estamos muy contentos de tenerlo”, afirma.

Sin embargo, admite que el reencuentro siempre va acompañado de otro sentimiento: “Se mezcla la alegría con la rabia. Estos niños tendrían que estar disfrutando de su tierra. Se cumplen ya cincuenta años y siguen sin poder vivir libres en su propio territorio”.

Un conflicto colonial sin resolver

David Mandago afronta también su segundo verano como familia de acogida, una decisión que tomó después de viajar a los campamentos saharauis y conocer de primera mano la realidad de sus habitantes.

Asegura que los menores llegan felices, aunque cada vez son más conscientes de por qué deben pasar dos meses lejos de sus familias. “Vienen con felicidad y esperanza, pero también con más conciencia de cuál es su realidad. El motivo principal sigue siendo un conflicto colonial sin resolver”, sostiene.

Los niños regresarán a los campamentos el próximo 29 de agosto. Hasta entonces, disfrutarán de un verano de juegos, revisiones médicas y nuevas experiencias que, para muchas de las familias navarras, termina cambiando también su manera de mirar el mundo.