Imagen de archivo de una persona utilizando un teléfono móvil
Un hombre consulta su teléfono en el último MWC de Barcelona, el pasado mes de marzo. EFE/Enric Fontcuberta

Cuando una aplicación te devuelve la voz

Arrate Vicuña
Pamplona (EFE).- Hay cosas que el ser humano da por hecho porque siempre han estado ahí. Andar, comer, escribir e incluso hablar. El hablante asume que lo será siempre, que podrá preguntar cómo se va a un restaurante, gritar viendo el fútbol, o mantener una conversación telefónica. Su ausencia obliga a buscar alternativas que en muchos casos no existen, una realidad a la que Elur Barón ha tratado de dar respuesta con su proyecto ESANAPP.

La navarra reparó en ella al presenciar cómo una amiga, operada de una laringectomía, trataba de pedir una cita por teléfono en el ambulatorio. Una gestión ordinaria, que para cualquier hablante se resolvería en un conversación de 30 segundos y un par de frases, se torna en una dificultad añadida para ellos. Desechar la vía telefónica implica recurrir al desplazamiento físico a los centros, o a alternativas digitales que no siempre resultan accesibles.

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La creadora no conocía la programación, ni siquiera se dedicaba profesionalmente a la tecnología. Se puso en marcha, se formó a través de seis cursos en línea y comenzó a desarrollar un programa que, en un principio, tenía a su amiga como única usuaria. “Al principio lo veía como para ella”, explica en declaraciones a EFE.

Fue su amiga quien, al comprobar su funcionamiento y a la vista de la necesidad de comunicación de las personas con discapacidad en la voz, le propuso presentar la herramienta a la Asociación Navarra de Laringectomizados para que pudiera ampliar su alcance.

Guía para los usuarios

El programa parte de la sencillez. Funciona directamente desde su web, sin necesidad de descargarla en el dispositivo.

En su interfaz, el usuario identifica todos los elementos que puede requerir en un rápido vistazo. Dispone de un cuadro de texto en el que puede escribir una frase para que el aparato la reproduzca a través del altavoz, seleccionando variantes como género, ánimo e idioma. También puede recurrir a expresiones ya predeterminadas por el sistema, por ejemplo relativas a una estancia hospitalaria o a la solicitud de transportes como taxi o Uber.

Imagen de archivo de una persona utilizando un teléfono móvil
Una joven consulta su teléfono móvil en imagen de archivo. EFE/Fátima Moyano

En un intenso color rojo y una tipografía de mayor tamaño, el usuario se topa con un botón que permite contactar con el 112 en situaciones de emergencia, pudiendo seleccionar, además, si se requiere de una ambulancia, bomberos o policía. Una vez atendida la llamada, el teléfono emite un mensaje en el que solicita la ayuda escogida en la localización en la que la persona usuaria se encuentre en el momento.

Desde la asociación, que cuenta con el apoyo del Gobierno de Navarra, el Consorcio, y las fundaciones ONCE, La Caixa y Caja Rural, Adela, subraya que “perder la voz supone un impacto enorme porque es una parte muy significativa de nuestra identidad”.

Un proyecto ya en Latinoamérica

A las consecuencias del tratamiento se añade, en ocasiones, el rechazo a la nueva voz, que puede llevar a evitar utilizarla, y el desconocimiento de la sociedad sobre cómo tratar a los pacientes. Una barrera que se traslada también a una tecnología que, según Adela, “puede ser un gran refuerzo mientras aún no se puede hablar”, pero mantiene una “asignatura pendiente” con la adaptación a las singularidades y necesidades de estas voces.

De Esanapp destaca, precisamente, que “cubre lagunas» que incluso a ellos no se les habían ocurrido como entidad y recuerda que «puede servir también para personas sordas, con afonía o con otras dificultades que les impidan comunicarse mediante la voz de forma temporal o permanente».

El proyecto, en un inicio privado, ha terminado cruzando el océano Atlántico y calado en asociaciones de México, Venezuela, Perú o Chile, y usuarios independientes de distintos puntos de Latinoamérica ya la utilizan en su día a día.
“A veces no hay que hacer grandes tecnologías, sino cosas sencillas para usos sencillos”, concluye Barón.