Pamplona (EFE).- La ‘Abejera de Pópulo’ de Añorbe, que data del siglo XVIII y sin uso desde el siglo pasado, vuelve a cobrar vida. Y lo hace gracias a una iniciativa de voluntariado ambiental. Este proyecto aúna conservación y desarrollo sostenible del entorno, educación y recuperación de saberes tradicionales.
Su abandono supuso una pérdida para la biodiversidad en un momento en que las poblaciones europeas de este insecto entraban en declive. También representó el inicio de un proceso de pérdida de patrimonio inmaterial, por lo que conllevaba el olvido del manejo tradicional de la apicultura.
Ahora una asociación de la localidad, con la ayuda de la dirección general de Medio Ambiente, se ha puesto manos a la obra para su recuperación. Han puesto el foco en la necesidad de conservación de los polinizadores para el medio natural y para el humano. Ponen en valor su cultura apícola y manteniendo vivos los conocimientos, prácticas y costumbres vinculados a esta actividad.

Así se ha detallado en un acto celebrado en el lugar. Han asistido la directora general de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra, Ana Bretaña; el teniente de alcalde de Añorbe, Rafael Azparren y la presidenta de la asociación de voluntariado Abejera de Pópulo, Concepción Vecino, entre otros agentes.
El presupuesto de recuperación es de 12.938,56 euros, de los que 10.000 euros serán asumidos por la Dirección General de Medio Ambiente, según informa el Gobierno Foral.
En marzo, una veintena de vecinos, con asesoramiento de la Asociación Berdesia de Tafalla, comenzaron a planificar la restauración de la abejera. Se trata de un paralelepípedo de 13,5 metros de largo por 3,5 metros de ancho. Está realizado en sillares de piedra y material de sillarejo, y originariamente cubierto por tejas.
Un centenar de ventanas para alojar colmenas
La construcción presenta 100 ventanas o huecos en los que alojar otras tantas colmenas, a las que el apicultor accedía por un pasillo interior de dos metros de anchura, desde el que manejar los panales.
Las tareas de recuperación incluyen la consolidación de muros de piedra y el mantenimiento de muretes y nichos, la colocación de nidos de adobe y actividades de cestería relacionados con la formación de los panales, además de la limpieza y replantado de zonas de monte bajo.

En este proyecto hay 49 personas voluntarias, 27 hombres y 22 mujeres, en un pueblo con 600 personas censadas. Trabajan en el talud de la parte trasera de la estructura y en el desbroce de la vegetación afectada por el incendio del año pasado. Otros lo hacen en la plantación de sotobosque con especies autóctonas como romero, tomillo o coscoja. También hay quien colabora tejiendo en casa.
Según han explicado, les costó encontrar un cestero que les enseñara a tejer los elementos de 70 centímetros de altura que se meterán en los ventanucos para la construcción de los panales. Recibieron un curso de tres días y tuvieron que irse hasta Salamanca a por los primeros 62 kilos de mimbre y ya han hecho 20 de las 100 cestas necesarias.
En septiembre, cuando el trabajo de voluntariado ambiental esté muy avanzado, arrancará la implicación del CPEIP Añorbe. El alumnado trabajará este curso en coordinación con la asociación de familias Txapartea sobre la importante función de las abejas para la biodiversidad.
Una abejera del siglo XVIII
La abejera está a unos 4 kilómetros del núcleo urbano y es de propiedad municipal. Su existencia se rastrea en la documentación escrita desde el siglo XVIII (1765). Es la segunda del pueblo tras la del monte, junto a San Esteban. Propiedad inicial de Joaquín de Goñi acabó en manos de Joaquín de Izco, alias Pópulo, en cuya familia se mantuvo durante generaciones.
En el siglo XVIII, y casi hasta el siglo XX, una abejera se utilizaba para obtener la miel que, además de para usos medicinales, fue el edulcorante más accesible para las clases populares hasta que el azúcar se abarató en el siglo XX.ç
A un precio muy superior se comercializaba la cera, un bien preciado para iluminación, así como para ceremonias religiosas y la conservación de suelos y muebles.
Actualmente el principal producto apícola es la miel y se comercializan polen, propóleo y jalea real, y la cera se usa de forma muy residual.
El procedimiento de obtención antiguo era poco respetuoso con las abejas y su ciclo porque para recoger la cera y la miel se cortaban y destruían los panales. Pese a que el actual sistema de bandejas móviles, más sostenible, se ideó en el siglo XIX, las abejeras tradicionales se siguieron usando hasta bien entrado el siglo pasado. EFE










