San Sebastián (EFE).- El fotógrafo Pascual Marín publicó en 1932 el libro ‘Lo admirable de Guipúzcoa’, en el que mostraba gentes y paisajes desde una mirada romántica. La sala Artegunea de San Sebastián ha tomado prestado el título para su nueva exposición, en la que huye de la «fijación nostálgica» para dar cabida a la diversidad y el cambio en el que está inmerso este territorio.
‘Visión crítica y contemporánea’
Ha contado para ello con las obras de los fotógrafos guipuzcoanos María Azkarate y Lobo Altuna, del alemán Peter Bialobrzeski y de la croata Dragana Jurisic, que ofrecen una visión «crítica y contemporánea» de Gipuzkoa en esta muestra con la que la sala de Kutxa del centro Tabakalera se suma al milenario del territorio, los mil años de su primera referencia escrita, Ipuscua, que se celebran este 2025.
‘Lo admirable de Gipuzkoa’, que se podrá visitar desde este viernes hasta el 1 de marzo de 2026, está comisariada por el crítico de arte Ramón Esparza, quien este jueves en la presentación ha explicado que en las imágenes de Pascual Marín no aparecen coches ni tampoco fábricas, pese a que ya era un territorio industrializado en aquella época.

Algunas de esas fotografías, de los fondos de Kutxa Fundazioa Fototeka, se exhiben ahora en Artegunea, imágenes en blanco y negro con monumentos, iglesias, edificios históricos, paisajes y paisanajes que «refuerzan la imagen mítica del pasado». Un prólogo que protagoniza esta figura «central» de la fotografía en Gipuzkoa durante la primera mitad del siglo XX y miembro de la sociedad artística GU junto a escritores, pintores y arquitectos.
Diferentes perspectivas
Como contraste, las propuestas de los cuatro autores de esta muestra colectiva abordan, desde diferentes perspectivas, el concepto de «topofilia», «entendida como la relación de afecto que une a los miembros de un grupo social con su entorno, que le hace permanecer en él a pesar de las condiciones adversas o mantener un lazo emocional con la tierra que tuvo que abandonar», ha precisado Esparza.
El proyecto «busca romper con la idea de aislamiento y concibe el territorio histórico de Gipuzkoa como una estructura dinámica», un lugar que está en cambio permanente, como dejan patente las imágenes en color de Lobo Altuna de inmigrantes africanos que forman parte de las tripulaciones de los pesqueros vascos. O de aficionados orientales de la Real Sociedad equipados con bufandas y banderas txuri urdin.

Lobo Altuna se centra en el paisaje humano de esta exposición, en la que Peter Bialobrzeski capta una naturaleza que remite a la pintura de autores como David Roberts y Pérez Villaamil, aunque el artista alemán también buscó en un viaje en coche de diez días por Gipuzkoa el paisaje transformado por la mano del hombre, como edificios de fábricas entre el verde guipuzcoano e inmuebles en construcción en una ciudad como San Sebastián que sigue creciendo.
La frontera invisible de Gipuzkoa
María Azkarate, licenciada en Arquitectura en la especialidad de Urbanismo, cambió de rumbo para dedicarse profesionalmente a la fotografía. Para ‘Lo admirable de Gipuzkoa’, se detiene en paisajes que marcan frontera, espacios imperceptibles que separan territorios.
«En Gipuzkoa, la muga apenas se percibe en el paisaje. Son solo unas señales dispersas, los ‘mugarris’, las que dibujan una línea mínima, casi invisible», sostiene Azkarate.

Dragana Jurisic, por su parte, ha realizado su trabajo para esta exposición desde «una mirada impresionista» para explorar visualmente un territorio que le resulta «tan cautivador como difícil de penetrar».
«Es la mirada a Gipuzkoa de alguien que es ajeno, que hace su aportación con un juego de luces oscuras y una opacidad que se perfora por vías que normalmente no plantearíamos», ha dicho Esparza de esta fotógrafa, que retrata el territorio desde el detalle de un balón olvidado en una hornacina o de la lápida de una tumba hecha añicos.







