Vitoria (EFE).- Carlos López de Lacalle, de Artadi, la bodega que decidió hace diez años salirse de la Denominación Rioja, defiende que los vinos tienen que llevar el nombre del pueblo en el que se elaboran.
Como se hace en los países punteros, desde Saint Emilion a Barolo.
Carlos, de 40 años, es la nueva generación de Artadi junto a sus hermanas Patricia y Marina.
El relevo en la bodega de su padre, Juan Carlos, quien ha colocado sus vinos, como Viña el Pisón, entre los más cotizados -a 300/400 euros la botella- y puntuados de España.
En el congreso ‘Wine Shapers’ (Modeladores del vino) organizado en Vitoria por el campus del vino EDA Drinks & Campus -del Basque Culinary Center-, Carlos ha atendido a EFE y ha explicado su decisión de salirse de la DOC Rioja y su visión del vino.
Artadi dejó la DOC Rioja
Hace diez años dejaron de poner la etiqueta de Rioja, descontentos con el modelo: «El tiempo todavía no nos ha dado la razón, pero poco a poco. Diez años no son nada en el mundo del vino».
Lo argumenta: «Tenemos que fijarnos en lo que hacen los primeros del mundo. Las unidades vitícolas en los países más punteros como Francia e Italia son mucho más pequeñas que las nuestras, porque buscan el factor humano, ser ellos los protagonistas».
Por eso defiende nombrar a los vinos por pueblos.
«Hoy el lenguaje internacional es el inglés, y en los vinos, los pueblos. No hay más que fijarse en todas las etiquetas de los grandes vinos, salen los pueblos: Tokaji, Chablis, Brunello, Saint Emilion, Pomerol, son todo pueblos».
«No nos sorprende ir a otros países y decimos esto sabe a Barolo o Barbaresco, y luego aquí, cuando decimos que sabe a Laguardia o Elvillar, nos sorprende que sepan diferentes. Cada pueblo tiene su peculiaridad y hay que ponerla en valor», defiende.
Sobre el vino que le gusta hacer, López de Lacalle explica que está «muy obsesionado con la fluidez, con el vino fácil de beber, aunque sin perder la identidad, no queremos hacer vinos ligeros. A mí me gustan vinos con un punto más de acidez que el de mis padres».
«Hace 20 años se hacían vinos potentes, técnicos. Las segundas generaciones ya no solo trabajamos el aspecto técnico, que no se nos tiene que olvidar -dice-, pero hay una parte de alma, de espiritualidad, que transmite el viñedo y que tenemos que poner en valor».
Por eso también defiende la viticultura «más histórica, la de nuestros abuelos. Se preguntaban por qué se hacía esto y por qué no, no hacían las cosas por leerlas en libros».
Artadi quiere producir menos vino
De Artadi salen entre 100.000 y 120.000 botellas al año, una bodega mediana en España, pero quieren producir menos: «el vino es muy personal. Necesitamos ser pequeños, tener la capacidad de intervenir en casi todos los procesos, en el momento de elegir qué barrica, la poda, es clave la decisión de que día vendimiar. Cuando eres demasiado grande, esos procesos hay que sistematizarlos, hay que delegar y se pierde un poco el alma».
Viña el Pisón ya vale en tienda 300-400 euros, pero López de Lacalle no estaría «cómodo» vendiéndolo a mil euros.
«Por supuesto, tenemos que ganarnos la vida, pero debe ser el mercado el que te posicione. No creo en vinos que salgan de bodega a mil euros, ni a 300, El Pisón no sale de bodega a 300 ni de cerca. Los grandes vinos se revalorizan en el mercado, no en la bodega».
Por último, rechaza tajantemente el vino sin alcohol: «No es vino. No deberíamos llamarlo vino. El vino es historia, transmisor de culturas, y se le debe un respeto». EFE









