Un momento de la presentación 'Barzakh'. EFE/ADRIAN RUIZ HIERRO

Jóvenes bailarines vascos y marroquíes danzan para derribar prejuicios

Vitoria (EFE).- Jóvenes bailarines vascos y marroquíes protagonizan ‘Barzakh’. La obra es un pequeño «molino de acción» que a través de la danza contemporánea quiere derribar prejuicios y acercar culturas. Todo ello en un momento en el que «el miedo se ha apoderado» de los debates públicos sobre migración.

Barzakh’ nace del encuentro entre la compañía vasca ‘Proyecto Larrua’ y la marroquí ‘Dati Drouk. Surge a partir de un viaje a Rabat de Aritz López y Jordi Villaseca, promotores del grupo con sede en Euskadi.

Es solo una parte del trabajo desarrollado con asociaciones juveniles, colectivos migrantes, escuelas de danza y centros educativos. Más allá del hecho coreográfico plantea un «encuentro» entre jóvenes de Marruecos y de Euskadi.

En su presentación Villaseca ha explicado que nace de la idea de que «el cuerpo puede volver a reunir aquello que muchas veces la política, las ideologías y los prejuicios han separado».

Espacio entre territorios

Su título se refiere en árabe al lugar intermedio «entre el mundo de los vivos y el ‘más allá'». Sitúa a la creación en un espacio «entre orillas, entre lenguas, entre cuerpos y entre territorios».

Itzel, Paula, Yaiza, Baddou, Zakaira y Salmane la ponen en escena en un trabajo inacabado que va creciendo día a día y que el 31 de marzo podrá verse en parte en la sede de Arkabia de Vitoria. La fecha de estreno absoluto será el 16 de mayo en Rabat.

La obra se muestra como un espacio simbólico en el que confluyen lenguas, cuerpos, memorias y trayectorias vitales distintas. Guarda referencias al mestizaje cultural que van desde lo mozárabe hasta las realidades migrantes actuales.

El formato elegido en Vitoria es una sala sin gradas que posibilita la proximidad entre intérpretes y espectadores para generar una experiencia de escucha y presencia compartida.

Superar el miedo en ‘momentos convulsos’

Aritz López ha ensalzado el valor de este trabajo en «momentos convulsos» en los que ha considerado que «el miedo se ha apoderado del debate público», sobre todo cuando se habla de jóvenes que llegan a Euskadi procedentes de otros países.

«La juventud debe ser un puente», ha defendido López.

Ha considerado esencial que obras como esta sirvan para generar «espacios de convivencia» en los que jóvenes procedentes de lugares tan distintos como el País Vasco y Marruecos «puedan conocerse, encontrarse y derribar prejuicios».

Los responsables del proyecto Larrua, Aritz López (d) y Jordi Villaseca (c) junto a la directora de Vital Fundazioa, Arantxa Ibáñez de Opacua (i) este miércoels en la presentación de ‘Barzakh’.EFE/ADRIAN RUIZ HIERRO

Ha indicado que este «trabajo en construcción» está concebido como un «pequeño molino de acción» precisamente para activar «otras maneras de relacionarse» a través de los cuerpos dirigidas a «generar espacios de convivencia, y a compartir experiencias y maneras de moverse».

Este proceso creativo, cuyo primer pase ya ha colgado el cartel de completo, se ha desarrollado a caballo entre Euskadi y Marruecos.

Tejido asociativo

El trabajo a lo largo de siete semanas ha servido como «excusa» para enlazarlo con los respectivos tejidos asociativos de los dos territorios.

En el caso del país norteafricano en especial con los que trabajan con mujeres, minoritarias en el mundo de la danza al contrario que en España.

Esta labor participativa continúa más allá de los escenarios para seguir ampliar espacio social y pedagógico de este proyecto.

Es uno de tantos de los que recibe a diario Arkadia. Resultó elegido, según ha reconocido la directora de Vital Fundazioa, Arantza Ibáñez de Opacua, al llamar su atención desde el principio por «romper estereotipos». EFE