Núria Morchón
Bilbao (EFE).- Miles de peregrinos han subido este sábado a la basílica bilbaína de Begoña para visitar a la Amatxu en la festividad de la Asunción, la cita anual de la patrona de Bizkaia, un camino que muchos repiten desde la infancia, como María del Mar Romero: «Con ocho añitos o seis, ya estábamos».
Romero, de 64 años, ha hecho el trayecto desde Etxebarri junto a su amiga María Pilar Gómez, de 70: una hora andando y las escaleras de Mallona, como cada año desde niñas.
Al Día de la Amatxu algunos acuden en busca de consuelo y otros por una costumbre heredada en familia o compartida con la cuadrilla.
Para Romero, la basílica es sobre todo un refugio en los momentos duros.
«Cuando te pasa una desgracia, necesitas venir. Darle gracias de lo que tienes, de tu pena», ha explicado a EFE.
Ese mismo duelo ha estado presente dentro del templo, ante la imagen de la Virgen, durante la Misa Mayor oficiada a las 12:00 horas por el obispo de Bilbao, Joseba Segura, que los asistentes han seguido entre el vaivén de los abanicos para sobrellevar el calor.
«Cuánto cuesta morir»
En su homilía, Segura ha tenido un recuerdo para quienes acudían con «el dolor por alguna silla que ha quedado vacía en los últimos meses» y ha evocado las últimas semanas de vida de su madre, enferma de un cáncer que se le había extendido por el cuello y que le impedía hablar.
Según ha relatado el obispo, ella escribió en una pizarra que tenía siempre a mano: «Cuánto cuesta morir».
Segura ha subrayado que la escritura «no oculta la dureza de la muerte» y que tampoco deben ocultarla los creyentes «con falsos consuelos».
Fuera, frente al templo, la jornada ha discurrido gris pero con altas temperaturas, entre un gentío que hacía cola en la treintena de puestos instalados en la explanada, con rosquillas, pastel vasco o talos de chistorra, entre otros productos artesanales.
Peregrinaje desde la madrugada
Los primeros peregrinos llegaron de madrugada, para la eucaristía de las 4:00 horas, la primera del día.
Juan Eduardo Perostiola, de 62 años, ha tardado dos horas desde Galdakao, y no por las escaleras: «Yo he venido caminando por el monte».
Ha acudido con su hija y su yerno, y ha definido la cita como «un día importante».
También ha habido quien ha subido pedaleando, como Fernando Deba, de 62 años, que ha venido desde Plentzia con una cuadrilla de doce o trece personas que salió sobre las 10:00 horas.
Último Aurresku de Honor
La jornada ha tenido también su momento institucional, con el último Aurresku de Honor de Juan María Aburto como alcalde de Bilbao.
Aburto, que ocupa el cargo desde 2015, anunció el pasado junio que no optará a la reelección en las municipales de mayo de 2027, por lo que esta ha sido su última Amatxu al frente del Consistorio.
El aurresku es la danza de honor vasca por excelencia: un solo que se baila al son del txistu y el tamboril ante la persona o la imagen a la que se rinde homenaje.
Los presentes han recibido con aplausos al primer edil, que lo ha bailado ante la basílica y los peregrinos.

El grupo Beti Jai Alai ha interpretado la ezpatadantza, la danza de espadas, y la Banda Municipal de Txistularis ha tocado el «Gernikako Arbola» ante el retoño del Árbol de Gernika, con los dantzaris ataviados con camisa blanca, txapela y alpargatas.
En el acto, al que han asistido la presidenta de las Juntas Generales, Ana Otadui, y la diputada general de Bizkaia, Elixabete Etxanobe, ha actuado también la Banda Municipal de Música con un repertorio de música vasca.
El alcalde ha reclamado además recuperar «la política como lugar de encuentro, desde la posición de cada uno, desde la forma de pensar de cada uno».
«Tenemos la obligación urgente de recuperar ese espacio», ha subrayado Aburto.
Preguntado por qué le ha pedido a la Amatxu, ha respondido que para Bilbao desea una ciudad «que sigue evolucionando».
Las celebraciones se retomarán por la tarde a las 17:00 horas y se prolongarán hasta la última misa, a las 21:00.
La Virgen de Begoña, conocida popularmente como la Amatxu, es la patrona de Bizkaia desde que las Juntas Generales le concedieran ese título en 1738, refrendado canónicamente por el papa Pío X en 1903.










