Varias personas observan la exposición 'Los Nadies de la guerra'.EFE / L. Rico

Natalia Sancha honra a los invisibles de las guerras

Vitoria (EFE).- Los invisibles de las guerras, los que no salen en las crónicas y se quedan atascados en los frentes de los conflictos bélicos por no tener dinero para desplazarse a otros lugares son «los nadies».

Esas personas que la periodista Natalia Sancha honra a través de su cámara de fotos para visibilizar sus vidas en una exposición que ha inaugurado este lunes en Vitoria.

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Natalia Sancha es periodista internacional de «El País», politóloga y escritora y ha cubierto numerosos conflictos bélicos en Oriente Medio durante varios años como corresponsal.

Ha plasmado en su exposición ‘Los Nadies de la guerra’ los efectos colaterales de las guerras en esta zona del planeta a través de 24 fotografías distribuidas en una de las principales arterias de la capital alavesa, la Avenida de Gasteiz, para remover la conciencia de los visitantes.

La exposición, que permanecerá abierta hasta el 13 de septiembre, forma parte de las actividades organizadas con motivo de las jornadas ‘Periodismo a pie de calle’ que se celebran entre el 24 al 28 de agosto en el Palacio de Congresos Europa.

La periodista ha relatado durante la inauguración que en las guerras hay tres tipos de víctimas: Las primeras son la «burguesía de las víctimas», los refugiados que son personas «que tienen 10.000 euros para pagar una patera», dejar su país en guerra y empezar de nuevo en otro lugar.

Natalia Sancha durante la inauguración de su exposición. EFE / L. Rico

Las víctimas de verdad

Las segundas son «la clase media», que son los desplazados, los que tienen recursos para salir del frente de batalla e irse a otras zonas «estables» dentro del mismo país.

«Las víctimas de verdad», señala, a las que no llegan los periodistas ni las ONG, las que no están en las crónicas, son «los nadies», esas personas que se queden en el frente de batalla, que no tienen dinero «ni para coger un taxi» para abandonar el centro del conflicto y esas son, destaca, las que aparecen en su exposición, las que resisten día a día y no pueden huir de sus casas, el «eslabón más bajo», los invisibles «en los pliegues de la historia».

Las fotografías se captaron en las guerras de Líbano, Siria, Yemen, Irak y Turquía entre 2023 y 2026. En una de ellas aparece Fatime, de 13 años, que carga en brazos con su hermana Abir entre los edificios destruidos del barrio de Sukkari, uno de los más pobres de Alepo (Siria).

Hay otra imagen datada en Homs, también en Siria, en 2014, que muestra vecinos desplazados que se hacinaban en casas de familiares o dormían en las calles por falta de medios para poder huir del país, que retornan a lo que queda de sus hogares.

En otra instantánea figuran «otros nadies», los más pobres del barrio palestino Yarmouk, en la periferia sur de Damasco, que no tuvieron medios para huir del frente y quedaron atrapados en 2014 en el fuego cruzado entre el Estado islámico y los soldados de Bachar el Asad.

En un alto el fuego para que las ONG entregaran paquetes de comida francotiradores mataron a varios voluntarios que la distribuían.

Encadenada durante semanas en su cocina

También se puede contemplar como una mujer, Nada, en la Siria de 2017, muestra en la pantalla de su teléfono móvil sus heridas en el momento en el que fue rescatada por las tropas del Gobierno sirio.

Su marido la dejó encadenada durante semanas en la cocina de su casa en Homs, bajo los bombardeos, y la abandonó con sus dos hijas tras llevarse todos los objetos de valor y huir a Turquía.

De Yemen es otra de las fotografías expuestas, de la morgue del hospital público Hajjah en 2015. Según la reseña, «miembros de seres humanos se mezclan con la escarcha de 10 refrigadoras de helados para conservar los cuerpos y nadie ha reclamado el cuerpo de un joven yemení, de 17 años. «Nadie sabrá que han muerto ni vendrá a buscarlos».

Un grupo de mujeres protagoniza otra de las escenas fechada en 2017 en Dahie (Líbano). Son las grandes invisibles de la guerra, entierran a hijos y maridos, cargan con el desplazamiento de familias enteras y son tratadas en los medios «como radicales simplemente por llegar velo», relata la autora. EFE