Oviedo (EFE).- El presidente de la Junta General del Principado, Juan Cofiño, ha reivindicado este viernes una identidad asturiana «inclusiva», compatible con la pertenencia a España y Europa, y ha llamado a recuperar el espíritu de concordia y consenso ante el deterioro de la conversación pública y la creciente polarización política.
En su discurso durante el pleno de la Cámara con motivo del Día de Asturias, que se conmemora el 8 de septiembre, Cofiño ha defendido que la identidad asturiana se ha construido a lo largo de la historia y no admite «elementos divisivos y excluyentes» y ha situado como elementos vertebradores los símbolos, las costumbres, el patrimonio natural y su aportación a la construcción nacional dentro de un sentimiento de pertenencia resumido en la condición de asturianos, españoles y europeos.
En una sesión a la que han asistido autoridades civiles, militares y religiosas junto a los galardonados con las Medallas de Asturias y los títulos de hijos predilectos y adoptivos en 2026, ha reivindicado además el modelo autonómico surgido de la Constitución, que ha pedido evolucionar hacia un federalismo que exprese la diversidad territorial bajo los principios de solidaridad y congruencia entre Estado y comunidades para pasar de un país «radial» y centralizado a uno en red.
Un autogobierno irrenunciable
A su juicio, ese modelo permitiría a Asturias encontrar un punto de equilibrio entre un autogobierno «irrenunciable» y su vocación política inclusiva a la vez que ha señalado como debilidades del sistema cuestiones como la inequidad en la financiación autonómica, las asimetrías fiscales y la necesidad de una profunda revisión para avanzar en la armonización y simplificación regulatoria.
En su alocución, ha repasado también los principales retos de Asturias como la baja natalidad, el envejecimiento, la despoblación, la dificultad de acceso a la vivienda y la transformación de la industria ante las exigencias de las energías verdes y la protección medioambiental, a la vez que ha destacado el salto experimentado por la comunidad en sus condiciones de vida en el último siglo.
De cara al tramo final de la legislatura y la próxima convocatoria electoral, Cofiño ha apelado a la «mejor versión del parlamentarismo», aquella que destierra «el adjetivo hiriente y el verbo flamígero» para dar paso a la escucha del adversario, la reflexión y el argumento basado en la razón, en un contexto que ha considerado especialmente difícil para la convivencia y la conversación pública.










